Programa de radio – Seattle Escribe

Como parte de mis actividades en la dirección de medios de un maravilloso grupo de escritores llamado Seattle Escribe, me toca dirigir un nuevo proyecto piloto para esta organización. Un espacio radial en el que los temas literarios serán centrales y en el que principalmente buscamos incentivar la lectura y escritura en nuestra comunidad hispana. La idea es enfocar los programas en cuatro temas principales:

  • La mujer y poder de las palabras
  • Conversaciones literarias
  • Juventud y literatura
  • literatura infantil

Con esto, Seattle Escribe suma su espacio radial a la oferta cultural de Seattle, en donde ademas promovemos autores locales, eventos culturales, círculos de lectura, clases y talleres de literatura y escritura creativa desde el 2014, todo en español.

¡Te invito a que nos escuches y nos sigas en nuestra página!

Nuestro flyer en redes sociales…

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Seattle in Flames

 

Voracious

the city feeds,

it grows with its concrete arms

squashing

primordial virtue,

creating ecosystems of opulence,

of fantasy, of misery,

of utopia versus reality.

The city

keeps growing

incessant,

cold, humid, impatient

with its steel, long-necked beasts

devouring forests, lakes

history, martyrs

stories and memories,

washing away faults

and fortunes,

creating magnificent infrastructure

in pursuit

of modernity.

Brilliant;

The city flickers and shines

luminous

it knows it is powerful

it dresses in light every night

seducing the court

of a nebulous imperial palace.

And it lies

Intoxicated

in its cradle of mountains,

bundled

in an almost eerie verdure,

its towers

rise up defiantly,

sharply,

it expands into boulevards,

bridges and streets,

restaurants,

offices,

museums, houses, and businesses,

plazas like temples,

mansions

more mansions

and more businesses

dealing in moments that satisfy lives,

in truths that taste of lies

and general prostitution.

Then;

The port opens

daunting

with its giant, threatening iron crows

waiting to disembark,

fat floating fish

from Asia, Oceania

Latin America, and Canada

they arrive, they make offerings

and they leave.

To the south,

the airport

flowing with history, desires

with its thousands of currencies and passports

nourishing the city.

Forward!

The monorail moves forward rapidly

from Seatac to the exorbitant university,

the cars, the taxis, trucks

rush headlong in a stampede down the grand highway

from north to south and from south to north

like a spinal cord.

Don’t you hear it?

They scream

the inhabitants scream

frenetic,

some living and others dead

the innocent

and the indecent of unspeakable notoriety,

listen to them scream

in the glaring stadiums,

concerts,

nightclubs,

parks

and streets, hospitals,

in pain, with jubilation, out of hunger,

for justice

or on the corners

dressed in fictitious poverty,

starving for pity,

for heroin

victims of a system that is never discussed,

dozing off in a toxic breeze

called reality.

They also scream

Oh sacred and exemplary democracy!

in their marches

marked by ambiguous propaganda

by indifference, by short-lived truths

or truths that burn,

the anarchists,

feminists,

homosexuals,

those from the reclaiming and bleeding right,

the first-world left,

the hipster bourgeoisie,

the nonconformists,

refugees, activists,

absolutists, hypocrites,

the politically incorrect,

the whites, the blacks

and the whites against blacks,

those against everyone,

those who passed by here,

and… ah! the immigrants,

Asians, Africans, Latin Americans

trying to live a dream that does not exist

in the land of miserly freedom.

But they keep screaming

Obstinate!

in the gardens of Mercer Island,

Medina, and Madison Park,

in kitchens,

taxis,

construction sites

with their deformed lexicon

cultivating nine-digit dreams

that taste like social security.

It purrs,

the city purrs

like a drunken cat,

dizzy with prosperity,

in its alleys and under its bridges

with its indigents,

on Aurora Avenue like a seductive street-walker

or on the Hill with its bars and cantinas

or on any corner

of Pioneer Square.

And it laughs;

The city laughs shamelessly

don’t you see it?

because she knows she is worshipped

by the religious,

artists,

liberals and nationalists,

by those worth nothing and those worth everything

the city feeds

hungry

for the wise and the ignorant

it seduces the audacious,

dividing them

into ethnicities, genders, languages

into races, like dogs!

many prisoners

of their fears and misfortunes

of a blind, limbless, and mute government

and cities that look like prisms

incapable of bearing the weight of such diversity.

But;

The city sings, the city cries,

the city lives, creates, destroys

and transforms itself,

it vibrates!

in each moment,

with each immigrant

with every laugh, at every station,

with each death and with each birth,

with every march and every scream of truth,

with every investor,

with every orgasm,

with every praise,

with every tree,

with every wave of the sea.

Long live the city!

 

Translated by Marie Garcia

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Un poema de Moises J. Himmelfarb… ¡Disfruten!

40° Centígrados (de temperatura corporal) Por Moises J. Himmelfarb I ¿Por qué el balbuceo de anoche? Como el asfalto de suburbios alucinógenos, cuando llena la cara de lodo, anhelo de ciprofloxacino, 210 palabras más

a través de Cuarenta grados centígrados — Seattle Escribe

La pequeña Marie

 

A que juegas, Marie?

-Pregunta la vieja gata callejera-

A que juegan tus dedos de marfil golpeteando la acera?

A que deseo oculto le brillan distraídas las lagunas de tus ojos

y le otorgan los suspiros de mujer escapando de tu boca

que brotan como rosales en tu campiña francesa imaginaria? 

A donde se esconden los monstruos que no te dejan llegar a casa

en esta noche helada, de vientos impetuosos y ligera lluvia de encaje? 

A donde pretenden huir cobardes tus ilusiones?

Si la luna de París te vigila amorosa y constante,

si el viento en un abrazo de consuelo se declara tu amante,

a donde, mi niña, a donde?

¡No te das cuenta que las grietas en el mármol antiguo

que reviste tu ser son la belleza que guarda

la niñez primorosa, la juventud ansiosa

y desvela el fruto maduro de tu sexo en una flor!

A que sueñas, mi pequeña?

sentada sola, sobre una calle empedrada de Montmartre

bajo las luces ahogadas en el óleo de tus visiones

y el barro de tus pasiones cayendo como ceniza de tu piel.

…..

Ya no eres más una niña, Marie

…..

Crees ingenuamente que el reflejo que destella sobre el agua

de lluvia estancada bajo tus pies, es el de la luna inalcanzable

pero, si te acercas más… verás que es el tuyo. 

 

A mi querida Marie Garcia, con todo mi afecto.  3b73b9df9e35552a5a8305a6405adec1

Nunca te fuiste.

 

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Acróbata y joven arlequín

 

A mi padre

El cuarto día de un enero de hace 10 años murió Julian -mi padre- del cual guardo pocos recuerdos, según yo ninguno bueno. Recuerdo, por ejemplo; una mañana de mi niñez a la abuela Mercedes levantándome con prisas advirtiéndome que papá había venido por mí para llevarme al cine, ¡al cine! entonces yo me levante veloz y feliz y me vestí de inmediato, pero al salir de mi recamara lo vi a él – a Julian- parado en la sala esperándome como la más fría de las columnas, revivo mi tristeza y decepción por que a quién yo esperaba realmente era a papá Alfonso, el hombre que me había educado como su hijo desde que Julian nos abandono. La confusión de la abuela me supo amarga. Recuerdo que ese día me llevo al cine y a comer como lo prometido, y también que pase una tarde por de más extraña, deseando a cada minuto que terminara. Nada me ataba ya a él, nada en su voz me era familiar, ya no éramos padre e hijo y después de tan desafortunada tarde no volví a saber de él en años, como de costumbre. Julian se convirtió así en un recuerdo difuso, áspero, una imagen vaga que no coincidía en mi historia, la foto enmohecida en un álbum brillante de recuerdos. Y aún parecen vivir lucidas en mi memoria las ultimas veces que lo escuche  -varios años después- cuando vivíamos de punta a punta, yo en Los Cabos y él en Cancún.  Al principio Julian buscaba conversación pero yo propiciaba no hablar con el más de lo necesario, era tan raro escucharlo llamarme hijo. Las últimas veces solo lo saludaba con la debida cortesía para pasarle velozmente el teléfono a mi tía -su hermana- con quien yo vivía en los tiempos relatados. Para aquel entonces todos sabíamos que sufría una intensa depresión y que incluso había buscado acabar con su vida en varias ocasiones. Su voz se escuchaba pausada, melancólica, como arrastrando en cada frase el peso de su tristeza, pero a mí ello poco me importó, lo más que podría sentir por el era lástima. Creo que él presentía su final y a los pocos días recibí una última llamada… había muerto.

Es curioso como el tiempo cambia las perspectivas, y al hombre que un día odie por no recibir de el más que indiferencia, hoy le agradezco con la humildad que “no” me caracteriza parte de lo que soy. A veces, me descubro viéndolo en el reflejo de mi espejo y me doy cuenta que de el guardo más de lo que yo hubiese imaginado y peor aún, de lo que yo hubiese querido admitir. Que más allá de un parecido físico se esconden miedos, fortalezas, debilidades, talentos y sueños compartidos. Entonces creo entenderlo, creo reconocer sus fantasmas, sus razones, lo compadezco y me compadezco a mí por juzgarlo, por odiarlo, por no buscarlo cuando quise y quisiera entonces sentir sus manos, abrazarlo, exigirle a gritos un “por qué” y entregarle sin explicaciones un “te perdono”. Decirle que el vive en mí aunque yo no quiera y que a través de mí vivirá en mi descendencia, en mi memoria y en mis letras.

Hoy, su imagen no me parece tan difusa, ya no me resulta extraño llamarle padre, hoy mi historia con el ya no duele tanto y la integro -nuestra historia- al rompecabezas de mi vida como la más inevitable y necesaria lección. Pero la vida vaya que se empeña en sorprenderme todavía y así, el único recuerdo bueno que guardo de mi padre nació a travez de su muerte, con los libros que me dejo como herencia. ¡Una total sorpresa! Una herencia que no esperaba como nunca espere nada de él. Tal vez su intuición se lo dictó, tal vez me conocía más de lo que yo alguna vez pensé, tal vez fue el peso de la sangre o una relación cósmica, tal vez es solo mi imaginación, un deseo oculto, un dulce y necesario auto-engaño, un perdón a destiempo, tal vez…

…..

Aún guardo conmigo los libros que me diste 

junto a todos los abrazos y besos negados,

guardo en años de recuerdos tus ausencias,

el impulso de tus sueños

y el peso de tus fracasos.

Guardo con mi madre todas tus caricias,

 la protección de tus brazos en los de mi hermano,

todavía tengo de ti, papá

el mismo pelo negro, salvaje y ondulado

el mismo diente chueco, tu reflejo en mis espejos, 

tengo tu altives

y el egoísmo de tus actos.

Aún guardo el tono de tu piel en la mía

y el apellido que me diste sin usarlo,

todo el amor que no te di, todo el calor de mis manos

y en mi memoria

tristes aún habitan tus ojos,

tristes aún resuenan las voces del naufragio.

En un cajón del ropero viejo de mi infancia 

guardo celoso las risas y los llantos

  y nuestras mejores fotos juntos, mi padre

extraviadas

en un tiempo que solo existe entre memorias inventadas

y nostalgias del pasado.

…..

Tú, me debes un padre y yo aún te guardo un hijo.

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Muchacho con pipa

 

Obra pictórica del maestro Pablo Picasso (periodo rosa).

Yo soy algo más y otros poemas de Rita Sturam Wirkala – Poesía Argentina


Rita Sturam Wirkala, escritora argentina residente de la ciudad de Seattle (E.E.U.U.) ha publicado en Los Estados Unidos y en España, donde ha recibido positivas reseñas literarias.

Rita escribe novelas (El encuentro – Las aguas del Kalahari), poesía, ensayos académicos en literatura española y libros de texto. Es traductora de libros de niños, compositora de canciones infantiles, y fundadora de All Bilingual Press. Asimismo, Rita conduce las clases de escritura creativa en español del grupo de escritores hispanos Seattle-Escribe, una serie auspiciada por la Fundación de la Biblioteca Pública de Seattle.

Después de 20 años de enseñanza en la University of Washington, Rita está parcialmente jubilada, y dedica su tiempo a escribir, viajar y cuidar a sus  cinco nietos. Sus extensos viajes así como lecturas en diferentes áreas más allá de la literatura (antropología, psicología, filosofía y ciencias) informan e inspiran todo su trabajo.

Su tesis doctoral sobre el Libro del Buen Amor del Arcipreste de Hita, refleja asimismo su profundo interés en la rica tradición cuentística medieval.

Rita Sturam Wirkala, PhD


 

Yo soy algo más 

El sol era joven cuando el fuego hervía
en entrañas rojas de nuevos volcanes;
y el mundo giraba y ardía y bullía
y seguía su elíptica órbita fija,
en roca brutal.

La Tierra era eso: una bola encendida
azotada de rayos, de eléctricos vientos,
sin agua, sin mares, sin ríos, sin vida,
era el tiempo extraño de los elementos
del ser potencial.

Al paso del tiempo las piedras hirvientes
mojadas de lluvias perdieron calor;
crecieron los mares, y el fondo bullente
de un caldo viviente produjo el milagro
en cuna de sal.

Moléculas simples un juego iniciaron:
Cadenas crecientes de sus minerales
tejieron racimos y se combinaron.
Y en el vientre oscuro del mar comenzaron
su danza primal.

¿Tal vez fue el Amor, lo que los unía
para que la vida pudiera mostrarse?
¿Ha sido quizás la Primera Alegría
que tuvo el Planeta en tiempos sin nombre
de andar Primordial?

Primero fue apenas un ser transparente,
redondo, sin centro, unicelular.
Más tarde, un microbio con núcleo incipiente,
y luego bacterias y amebas tomaron
el paso inicial.

Tan pronto la vida explotó inconsciente
y sin los recuerdo de formas pasadas,
cada especie a su forma dejó su simiente.
Poblaron mares. Del mar a la tierra
fue el salto crucial.

La tierra ya era burbuja explosiva
de líquenes, musgos, de lianas y palmas,
Surcaban el cielo alas primitivas
y seres terrestres trazaron sus rutas
en corte nupcial.

Mamíferos chicos y grandes surgieron
y otros, que dicen, de mente especial.
Lémures, simios, macacos vinieron
y otros sin pelo y sin cola nacimos
del mismo ramal.

Por eso yo siento que soy barro tibio,
burbuja de aquella noche elemental;
microbio y gusano y la pata de anfibio
que marcó la arena al salir del mar.
Y soy algo más.

Soy ojos de ciervo y garra del puma,
aguijón de abeja y pies de ciempiés;
soy paja del nido, soy pico, soy pluma,
murciélago, cobra, caballo y mandril.
Pero hay algo más.

Yo llevo en mis huesos la historia del mundo.
Soy todo lo antiguo que en la tierra anduvo;
pero hay algo eterno que brilla profundo,
que fuera del tiempo titila aquí adentro.
Yo soy algo más.
Yo soy algo más.

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Asphodele

 

Búsqueda

No busques a Dios en la estatua de yeso

de ojos velados en humo de incienso.

Ni en bellas estampas ni en cruz de un altar,

no importa si es oro o basto metal.

 

Tampoco lo busques en templos lejanos

o santuarios hechos por humanas manos.

Ni en coro de voces de rica armonía

ni en las cadencias de sus melodías.

 

Ni en cuevas ocultas o en torres grandiosas

que erigen los hombres a dioses y diosas.

Ni en seres cubiertos de negras sotanas,

o de altos sombreros, o de barbas vanas.

 

Ni en esos que alegan tratar con misterios,

no importa el rango de sus ministerios.

Ni en el Campo Santo donde al fin reposan

los huesos sin almas en resecas fosas.

 

Tampoco está Dios en los libros sagrados

de ayer o de hoy o de tiempos pasados.

No busques, en fin, en mundano sistema

de dogma, doctrina, ritual o emblema.

 

Búscalo, sí, en la gran geometría

del cosmos y el átomo y su simetría.

O aún más Allá, en la Causa Primera,

que engendra la luz de galaxias enteras.

 

O en la fuerza ignota que anima, constante,

a un universo que cambia y se expande.

O en el bien templado consonante acorde

del Cosmos entero, aparente desorden.

 

Pues Ello resuena en el exquisito

cantar de los astros, el himno infinito,

luego y antes de aquel Primer Acto

que dio a las estrellas el tácito pacto.

 

Búscalo, al fin, en la forma sin forma

del raro vislumbre que a tu Ser transforma.

Y del Rostro Inefable verás un reflejo,

puliendo tu alma hasta ser Su Espejo.

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Une ombre respirante

 

Subjetividad

De opacidad e inconsistencia    

están hechos

los sueños y recuerdos.          

 

La indiscutible realidad

se resquebraja

en su móbil espejo en la consciencia:       

 

porque ella muda el diseño,

y otro nuevo

va escogiendo en cuanto danza.

 

De luces y de sombras

se alimentan

eventos y memorias.

 

La irrefutable realidad

se desintegra

y la mente recombina la materia:          

 

Y así se escriben las historias

y  se alteram las vivencias.

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L’Amour sans condition

 

Menino bahiano (DE BRASIL)

I

El niño dibujo en la arena y espera,
y piensa en la cesta de peces dormidos
que trae en la barca su padre.

El oro escarlata en la brillante esfera
se ha vuelto ceniza y descolorido,
y un viento de hielo lo barre.

El cielo se cubre de nubes pesadas
y en el horizonte, que era acuarela,
ahora no hay hombres ni barcas.

El mar turbulento en la tarde cerrada
no deja en la costa ni redes ni velas,
apenas un niño que aguarda.

II

─Pescador: tú que sabes del bello trabajo
de hablar con los peces en el altamar.
¿Has visto a mi padre pescar?
─No, no he visto a tu padre pescar.

─Caracol, dulce amigo, que vives abajo
y ves a los barcos encima flotar:
¿Tú has visto a mi padre pasar?
─No, no he visto a tu padre pasar.

─Yemanyá, diosa hermosa: tú eres quien trajo
las aguas del río a llenar la mar.
¿Lo has visto tal vez naufragar?
─Pues sí, pues no… déjame recordar…

III

De pronto y sin causa el mar se serena.
El niño dibuja en la orilla y espera,
y piensa en los peces durmiendo.

Las olas arrojan la barca a la arena,
y el hombre, temblando y cargando la cesta,
le dice a su hijo, sonriendo:

─Ya ves, he venido. Ve y dile a tu madre
que ya he traído la cena.

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Eclipse of the Moon

Obra pictórica – Leonor Fini

Lluvia huérfana y otros poemas de Inés Barrio – Poesía Argentina.

Fue en el viejo Cafe la Poesía de Buenos Aires donde la viajera y traductora Marie Garcia se encontro con el que se convertiría en uno de sus poemarios favoritos… ahí escondido entre los libros de una estantería junto al piano del icónico lugar. Mi vida, los caminos es el titulo del poemario donde nuestra viajera leyó y se enamoro de un poema en particular y así, meses mas tarde se dispuso a localizar a la autora para obtener su permiso de publicarlo en su blog personal.

Fue también con un cafe, esta vez en la casa de la viajera a 11,000 kilometros al norte de la capital argentina que conocí la obra de la poeta en cuestion. La conexión fue instantanea y desde entonces busque compartir una obra digna de leer y más aún, de sentir una y otra vez.


Médica, egresada de la Facultad de Medicina de la Universidad de Buenos Aires (UBA), con diploma de honor. Especialidad: Neuróloga Universitaria.
En el año 2002 la Asociación Pablo Menassa de Lucia, en su 3ª convocatoria, concedió el primer premio de psicoanálisis al libro Psicoanálisis y Medicina. En el año 2003 la Asociación Pablo Menassa de Lucia, en su 4ª convocatoria, concedió el Tercer premio de poesía (ex aequo) al libro Claveles españoles.

Libros de poesía publicados: De tantos vuelos, Eva buenosayres, Claveles españoles, Mi vida, los caminos. 


 

Lluvia huérfana

             …

No llueve minucioso

como soñaba Borges, llueve como si el mar

cayera sobre el mundo,

sin tregua sin compasión sin cielo.

Es una lluvia de esas que vienen con el miedo

de infancia,

con la noche habitada de fantasmas.

(Estarías llamando para saber

si llegamos a salvo…)

Es eso la orfandad:

que nadie nunca nadie

te pregunte si ya llegaste a casa,

cuando llueve.

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No es tuyo lo que late en las venas

       …

Tal vez vi,

imaginé

el engranaje del amor en vos,

las escansiones de la vida,

la intermitencia de la muerte,

y eso

me encandiló.

Así de ciega anduve,

torpe por tus cosas,

tropezando, cayendo

así de sola.

Pensar desde hoy

hasta infinito

en construir una vida despoblada de vos,

de cuanto fuimos.

¿Cuánto fuimos?…

¿Fuimos?…

Porque no te atesoro.

Ni la sombra de aquellos dardos hondos

en el medio del pecho,

ni el pálpito de tu abandono repetido.

El sueño restituye

lo amado ausente.

Tanto soñé despierta,

que te perdiste entre fantasmas

que no inquietan,

entre alucinaciones surrealistas

te hiciste nada.

No es tuyo lo que late en las venas.

No estás aquí, ni en mí.

Hoy

descubrí los túneles

definitivos,

luminosos,

por donde te me fuiste del alma.

 

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Faltar aquí

        …

Yo no quiere morir.

Inventa días y noches

los desovilla del universo,

hilvana estrellas metas

pensamientos soles

promesas

lo incumplido.

Yo, no quiere morir.

Cántaros de lágrimas en vano,

yo no quiere morir.

¿Porque dónde tus ojos

de claridad infinita, sino aquí?

¿Y dónde este color de la sangre

y este pálpito del azar venturoso?

¿Y dónde estas arenas movedizas

este plato de tierra firme,

este camino?

Yo, no quiere morir.

Faltar aquí, de aquí

silla vacía,

silencio que fue decir.

Faltar de aquí

no verte ya crecer,

no mirar nunca más para atrás

no parpadear el horizonte,

no temer.

Faltar,

deshabitado el mundo de mí

volverme una memoria

cada vez más borrosa…

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Yo te agradezco

            …

Yo te agradezco que hayas estado allí,

como si nada

como si todo

abriéndome a lo nuevo.

Después, cambiaste de parecer,

pero estaban izadas las banderas.

Tenías un modo descuidado

de ocuparte del mundo,

paseándote por la sala

con un teléfono mudo,

mientras repartías aspirinas

en pequeños frasquitos,

para aliviar el dolor de toda Cuba.

Después, cambiaste de parecer

pero estaban izadas las banderas.

Tenías un modo de jugarte la vida

en cada gesto.

Yo no sabía todavía

que el que quiere tenerlo,

pierde,

y el que quiere perderlo

lo pierde aún más temprano.

Yo no sabía que la peor adicción

es el hambre

y el mayor desamparo

es el exilio.

Después, cambiaste de parecer,

pero estaban izadas las banderas.

Tenías un modo del coraje

que daba miedo,

y un miedo a enamorarte

que daba pena.

Pero tenías una insolencia ante lo injusto

una ternura de orquesta provinciana

una pasión por la memoria

y un lenguaje extranjero,

que sólo yo entendía.

Todo en deshilachado acorde

todo en papeles sueltos

todo en gastadas grabaciones

todo entre los pliegues de un pañuelo,

a la intemperie

sin actas

sin testigos

sin descendencia

sin herencia,

sin porvenir.

Yo te agradezco que hayas estado allí,

como si nada.

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Pasión y fuego lento

                …

Acostumbrada a los incendios:

la piel quemada

el aire insuficiente

los ojos ciegos

la garganta quebrada,

y las urgencias,

los rescates inútiles

y después, el derrumbe.

Contar las pérdidas o descontarlas.

Y otra vez los relámpagos encendiendo las noches,

y las mañanas desoladas.

Niños abandonados bajo la lluvia.

Volverse loco o escribir.

Atarse al carro de los días

al poema, a los trabajos repetidos de olvidar.

Pasión y fuego lento fue la vida

desde que entraste por aquella ventana

mal cerrada.

Yo no sabía que los grandes imperios

estaban hechos de esas sustancias poderosas,

del beneficio de la espera

de las noventa y nueve noches del soldado

suspendidas de un sueño.

Pasión y fuego lento

nuestro amor,

el otoño encendido de tus ojos

tus anchas manos de labriego

útiles de ternura,

los muros de la casa

los viajes infinitos

el dolor sordo ardiendo entre los dientes,

y una violeta de los Alpes asomándose

apenas.

Pasión y fuego lento

los hijos,

el camino,

mi arrebatado corazón,

tus hombros de guerrero.

Me puse de puntillas

para mirar el mundo

desde la altura de tu hombría.

No hay otra luz que ansíe,

ni otro cielo.

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Obra artistica de Marc Chagall.                                          

Los cuerpos

Los cuerpos se entrelazan ignorantes de su naturaleza asesina, inocentes de su genetica rabiosa, de la perversidad que los impulsa a transmutarse en lo salvaje atravesando lo salvaje. Yo… como uno de esos cuerpos; me declaro no culpable. Y si es que gano la batalla, si logro descuartizar con garras y dientes la otra humanidad, me declaro no culpable de sentir placer, en el hermoso e infame acto de constricción.

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Mujer con niño muerto – Käthe Kollwitz

Por fin

 

Subo.

Voy saliendo a pulmón

de las profundidades del mar negro.

Me desprendo tentáculos y algas.

Poco de luz se filtra,

voy saliendo.

Primero la cabeza

las dos manos abiertas,

los brazos

medio cuerpo,

respiro a bocanadas

semiahogada,

macerada la piel

y el alma macerada.

Penosamente salgo, por fin.

 

 Ya no te amo.

 

Escrito por la poeta argentina; Inés Barrio

 

···•••••···•••••···•••••···•••••···•••••···•••••···•••••···•••••···•••••···

 

At Last

 

I rise.

I come up fighting

from the depths of the black sea.

I peel off tentacles and algae.

A little light filters through,

I am coming up.

First my head

both of my hands, open,

my arms

my torso,

I gulp mouthfuls of air

half drowned,

my skin waterlogged

and my soul waterlogged.

With great effort I come out, at last.

 

I do not love you anymore.

 

-Inés Barrio, translated by Marie Garcia. 

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Fotografia – Lola Alvarez – Bravo

Poema de noche

El aire está vivo y húmedo

con la sugerencia de una lluvia reciente.

Las luces centelleantes iluminan pequeñas piscinas en la rota acera

y mis pisadas las perturban,

haciendo titilar sus desmenuzadas reflexiones.

Aspiro los olores de ozono,

carne frita,

perfumes y licores,

mezcladas en un jardín embriagante.

 

Me siento alta y fuerte, extasiada.

 

Músicas diversas, urgentes y pesadas, gritan de varias ventanas, discutiendo entre sí,

dando a luz a nuevas palpitaciones en el cuerpo,

haciendo sacudir los huesos con sus vibraciones.

Tres nalgonas se impacientan en una esquina,

perdiendo control de sus galopantes caderas, 

casi muriéndose por cruzar la calle 

y entrar en la boca de donde sale la llamada de apareamiento irresistible. 

Me cuesta no seguirlas

y entregarme al ruido de la noche vernal.

 

Tengo antojo de una retrocesión del tiempo…

De perderme entre los locos y los borrachos, quienes normalmente me asustan.

De esconderme en las sombras y quemarme contra el cuerpo de otro.

Me rebosa una nostalgia dulce y no quiero que nadie me rescate de ella. 

 

Heme aquí, media vieja e invisible en esta calle viva, 

olvidándome en el baile frenético de la juventud desatada.

Escrito por… Marie Garcia
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Alfonsina – Alain Bailleres