Poema traducido de Xanath Caraza – Poesía México-Americana

Honey

 

*After La flor de guayaba by Israel Nazario*

 

In the garden’s mist

lapis lazuli beats it wings.

Pint-size fluttering spans out

Pearly, dawn light

White, seductive flower

beckons for a taste of her honey, offering herself

with morning dew

Perfume entwined with moisture

Thick, blue atmosphere

Guardian guava tree of malachite

Shimmer of light smolders

from the hummingbird’s wings

Soft music drenches

the flower’s pistil

with first contact, then

delicately draws up the honey

 

 

Miel

 

*Para La flor de guayaba de Israel Nazario*

 

En la brisa del jardín

agita sus alas el lapislázuli.

Diminuto sonsonete esparce

la nacarada luz del amanecer.

Blanca flor seductora,

invita a probar su miel, se dilata

con el rocío de la mañana.

Perfume entretejido con la humedad.

Densa atmósfera azul

custodia al guayabo de malaquita.

Destellos de luz emanan

de las alas del colibrí.

Música suave se impregna

en el pistilo de la flor

con el primer contacto, entonces

chupa delicadamente la miel.

 

(Poema incluido en Noche de colibríes, Pandora Lobo estepario Productions Press, 2014)

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Flor de guayaba – Israel Nazario

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Poemas de Carmelo Gonzalez – Poesía Mexicana

Rebka la sunita

 

Rebka la sunita

cruzó el Mar Rojo

con una azucena

en las manos.

Sangre fiera

noches de guerra

entre las montañas donde

se desgrana la muerte.

Lleva sus muertos

en los ojos

bajo el cielo de una América

libre y soñadora.

Rebka la guerrillera

del Este de África.

Amazona ligera

en los vientos del siglo 20.

a las ocho de la mañana.

Hablamos de Eritrea

con la nostalgia de un regazo.

Manos suaves que en el pasado

estremecían al cielo con una Kalashnikov .

Hoy nos vemos a los ojos

con la complicidad  de ser  inmigrantes

bajo la lluvia de Seattle.

……..

 

A Anna Ajmátova

 

La muerte florece en nuestras pupilas

en los días de interminables desembarcos.

Cuanto dolor

queda en los sobrevivientes.

¡Hurgaremos en las celdas clandestinas!

Jesús, el muchacho “levantado”

será  un número de archivo.

Vendrán nuevos inviernos Anna.

Imploraremos libertad

pero algunos moriremos en la espera.

¡No hay atalayas!

¡No hay centinelas!

¡No hay profetas

que nos auguren buenos tiempos!

Crueldad, desolación,

terror, ejecución

bajo

un verdugo despiadado.

XI-VIII-MMXI

……..

 

AVANCE 

 

Mujer, he recorrido tu piel con mis dedos.
He palpado los cantos de tu cuerpo
como un ciego en los vientos de agosto.

He afianzado mi ancla ante la lluvia postrera del crepúsculo,
donde las picas de cristal avanzaban
con los olores maduros del verano.

Durante las mareas vivas
he sido un refugiado en las bahías de tu cuerpo sedoso.
Y en él he avanzado con el poder de un ejército arrollador,
cuando los segadores recolectaban azucenas blancas y rojas
y cantaban un himno de amor.

Mujer, he besado tus labios en la hora en que dos cuartas crecientes,
giraban como hoces de plata en el rostro
y en el fuego benévolo del sol.

He recorrido tu cuerpo como un ciego
o como un panadero que ha estampado
galaxias de fuego con las puntas de sus dedos al amasar un pan fermentado.

He seguido las flechas del sextante en tus concavidades donde abundan
Las caracolas y las orquídeas azules.

Me he atrincherado en tus simas
con un canto marino en la pleamar.
Y en el horizonte solo han quedado de las nubes
unas telarañas de harina como de un saco roto.

Mujer, he cruzado tus desfiladeros,
con la audacia de un corsario del Mar Caribe
en la hora exacta del perigeo y en el acantilado
donde el día y la noche se besan apasionadamente.

VIII-X-MMVIII

 

Carmelo González

 

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Anna Ajmátova – Nathan Altman

 

Chocolate

De la amarga experiencia dicha constante

oscura presencia en dulce brebaje

fina molienda tu aspecto divino, y espumosa

la esencia en tu líquido sentido.

 

Humilde semilla de engañosa presencia

negro terminas cuando verde comienzas

frío o caliente endulzas mil caminos

de arrogantes paladares o sencillos destinos.

 

¡Bate el Chocolate, bátelo con enjundia!

y huele del vapor brotar en bruma sus milagros

saborea dulce de la olla su ternura

que se impregne prodigiosa en la tersura de tus labios

y con cada sorbo los secretos de las lluvias

de los vientos, de los montes, del fruto del cacao

y de la entera tierra mía con sus soles y lunas

bate el Chocolate, ahora bátelo despacio.

 

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Cacao Harvest – Kelly ZumBerge

 

 

Canción tropical

Palmas sobre las palmas, verdes sobre los verdes,

pájaro de cantos y hechizos, la maleza que oculta espectros

bajo los dientes filosos de sus ramas,

un sol que nunca penetra, lunas de sombra inagotable

ocultando un mundo bajo las hojas secas,

mundos sobre los árboles,

mundos sobre sub-mundos, verdes los tropicales

cosmos de criaturas hambrientas, heridas abiertas

de perversa naturaleza alimentándose sin piedad.

 

Tristeza sobre la tristeza anuncian en sus cantos las aves

verdes de tropicales nostalgias y verde sobre verdes plumajes,

aquí nada se explica y nada se ama y rabiosa se alimenta la existencia

sin esperar nada, temiéndolo todo, niebla constante y etérea

cual delirio de embriagante realidad.

 

¿Escuchas las criaturas cazar, huir, respirar… temer?

¿Sientes la resina de los arboles arder?

¿No vez acaso, ciego de ti, ignorante de tu instinto, de tus prístinos sentidos, curiosos ojos levitar sobre el oscuro follaje, escudriñando el misterio de tu especie para luego decidir fatal tu destino? 

 

Muerte sobre la muerte, la ignota penumbra bajo las palmas

habitante de todo, dueña de cosmos, cobija de la única esperanza,

amarga verdad, dulce mentira, la muerte caliente y húmeda suspira

en cada piedra, en cada helecho, en cada cause bestial de ríos

y golpe de tormenta, la madre resignada que asesina y furiosa

renueva el ciclo vital.

 

Verdes que cubren los trópicos, densa la neblina sobre las cumbres

verde se quiere, verde se llora, verde se lamenta, sombra sobre las sombras

salvaje se vive y se mata, salvaje se alimenta la araña, la serpiente y el caimán

salvajes cantan las aves y los monos, salvaje ruge el jaguar

salvaje la mantis devora la inocencia y salvaje el venado busca clemencia

salvajes los salvajes somos bajo esta noche tropical.

 

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Libertad

Mirar sobre el acantilado y anhelar la caída, el golpe fatal y fulminante, no temer el frío sobre la piel vulnerable ni la violencia del mar ni la ríspida roca, descarnarse con uñas y dientes los miedos aunque los sentimientos ardan y permitirse ser valiente en la tajante huida.

Esperar el azote del viento traspasando filoso esta carne ya muerta, donde solo habita un último deseo; tenue luz de una vela que se agota. ¿Si el colosal paisaje que entre llovizna de grises esconde cruel su horizonte inalcanzable? no temeré enfrentarme a su injusticia, no temeré pararme desafiante sobre esta orilla y mortal dejarme tragar por la vorágine… ¡Sacrificio! cordero de un Dios sordo, manco y mudo, te entrego en llamas este cuerpo envejecido.

Cubrirme quiero de la llamada libertad y coserme de ella una segunda piel.

Entonces…

Si me dejo caer venciendo resistencias ya sin el peso de mis huesos, sin esta piel que ya no siente, sin lo perverso de mi sombra, sin la vana liturgia de las almas; bozal de espíritus y carroña del tiempo, sin estas venas carentes de sangre; ríos desbordantes de mercurio y lodo, sin el hierro lacerante de mis cadenas ni la fractal composición de mis tormentos; si me dejo caer en pedazos sin la inútil carga de extranjeras utopías, de ambiciones ajenas; estrellas vacías de un firmamento extraterrenal e intocable que no se explica.

Si al final lo logro y me aferro a la ignota humanidad sobre este bestial instinto y muto en partículas de tierra y lluvia, si me libero de este cadáver putrefacto que ya no reconozco y que ya no me pertenece, solo entonces…

Muertos sean los miedos y muerte sobre muerte a mis fantasmas y muerte a la pesada vida anhelando la ligera muerte.

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Dueño soy de mis pestañas.

Texto inspirado en experiencias personales y el poema “Soy dueña del universo” de Guadalupe «Pita» Amor.

………….

Me gusta verme, admirarme, proyectar en mis tacones aspiraciones secretas, deseos de escenario y de brillante lentenjuela. Observo esta desnudes que en otros mundos no se me permite, pero que ahora es mía, mía de mi cuerpo y mis deseos, de los afectos de quienes yo pretenda, de mis miedos vencidos, de la seguridad que repentinamente poseo a través de mis caderas, los pasos de acero de mis piernas; y lo quiero todo, todo y a todos viéndome desde la pista, sintiéndome lejana y arrogante, déspota, segura, divina, absolutista, poderosa y audaz como una perra.

Y yo, como «Guadalupe Teresa Amor Schmidtlein» dueño soy de mis pestañas…

Como dueño de las ansiedades que me desvisten y revisten cada noche de bruma, de espejismos y espectáculo. Me maquillo para Afrodita volviéndome vitral de mis obsesiones y en cada entalle, en cada transparencia del vestuario… mis libertades. Entonces me descarno este traje de niño/niña decente, maloliente y me vuelvo puta. Porque de las putas es el reino de los cielos al que aspira mi entrepierna, este sexo que nocturno brota como flor de Nochebuena.

Y yo, como «Pita, mi Pitita» dueño soy del universo…

Y de los astros y los soles que me invento, dueño soy del firmamento de luces esta noche, que de un centro nocturno brotan mundos paralelos; bullentes, como en el principio de los tiempos y de los hombres y las religiones, del pecado original y la virtud ignota, del ángel caído que acaricia mis intenciones y las vuelve lumbre, mis manos de lumbre, mis cabellos y mis ojos y mis labios que escupen lumbre. Me deshago, me desconozco y me seduzco; este espejo de camerino que se ríe a carcajadas y me hechiza con su maldito reflejo.

Y yo, como «Guadalupe “Pita” Amor» me vuelto otro(a)

Me transformo, quimera de mis pasiones, de mis lujurias, de esta vasta inteligencia de bruja que me vuelve pitonisa de mi propio destino, y adelantada a los tiempos, en tácito pacto con mis infiernos sentencio libertad. Libre el albedrío, libres mis pezones y mis muslos, libres mis movimientos de hombre/mujer/dragón/serpiente, libres mis intimas perversiones de chacal, de hiena, de gata. Este hambre de hombre, de triunfo y de furtivas miradas. Esta ansiedad de belleza inusitada al amparo de la luna, de oscura vanidad y ambición de discoteca. Este soy yo en mis noches de travestismo, de eterna dragola diva y de la más lúcida de mis verdades.

Dueño —solo esta noche— soy de mi.

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Guadalupe “Pita” Amor… La Undécima Musa – Poesía Mexicana

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Retrato de Guadalupe Amor por el maestro Diego Rivera

……..

Dueña de una prosa única como “dueña de la tinta americana” y de el sinuoso camino que ella misma eligió —o se inventó— para vivir. De si misma escribió las rimas que la convertirían en Pita Amor, la undécima musa, según su amigo, el escritor y poeta Salvador Novo, quien la bautizaría así aludiendo en referencia a la también llamada “décima musa”, Sor Juana Inés de la Cruz. Nacería en el seno de una familia de porfiriano abolengo, venida a menos gracias a la expropiación que la revolución mexicana hiciera del principal activo de ésta; la entonces hacienda azucarera San Gabriel de las Palmas. Como la última de los vástagos de una familia en inesperada situación económica, Pita no obtuvo igual esmero en su educación como sus otros seis hermanos, quienes además, no compartían su carácter explosivo y caprichoso. Ya en su tardía juventud —27 años— publicaría el primero de sus libros, Yo soy mi casa, el cual le abrió las puertas al mundo cultural e histriónico de la entonces pujante Ciudad de México. Lo mismo compartió ideas con grandes personajes de la época, escritores, actores, fotógrafos, artistas e intelectuales como Gabriela Mistral, Salvador Dalí, María Felix, Frida Kahlo, Juan Rulfo, Pablo Picasso, Alfonso Reyes y muchos otros, todos los que conformaban la escena en la primera mitad del Siglo XX. Diego Rivera la retrataría incluso en varías ocaciones, una de ellas desnuda, para escándalo de la conservadora familia Amor y la entonces sociedad mexicana.

El objetivo de Pita era claro, buscaba ser el centro de atención y una mojigata pero también efervescente sociedad pos-revolucionaria la recibiría con vítores y críticas, halagos y fuertes señalamientos a su postura tajante de libertad, esa que expresaban tantos sus letras como sus constantes desfiguros. Sus tres libros siguientes, Puerta obstinada, Círculo de angustia Polvo, la posicionaron como la indiscutible poeta del momento, heredera de un estilo clásico en sincretización irreverente con sus ideas, con la imagen de si misma y el personaje que se creo a partir de su narrativa. En algún momento leí un ensayo refiriéndose a ella como “las dos Pitas”, la conservadora católica niña de casa, y la otra, la mujer, la amante, la atormentada de los grandes ojos y expresivos ademanes, gran declamadora de sonetos, décimas y liras y vasta conocedora del Siglo de Oro. No sabemos cual de las dos Pita’s era la poeta, ni quien de las dos sobreviviría a la primera mitad de siglo; no sabemos cual quedaría atrapada bajo la dramática muerte de su único hijo, ni cual deambulaba con senil locura sobre las calles de la Zona Rosa cuajada en extravagante bisutería. Pero si tenemos constancia de su genio y es menester de todos rescatar su obra.

Michael K. Schuessler publicaría en 1986 junto a Elena Poniatowska —sobrina de Pita y escritora del prólogo— una necesaria y estimulante biografía sobre la vida y obra de la poeta. Poco, muy poco se ha escrito de ella y muy difícil es encontrar su obra en las estanterías mexicanas, que decir de otros países. Peor aún cuando se busca precisamente la reivindicación de la posición femenina y su importancia en las letras hispanoamericanas. Y voces como la de Guadalupe “Pita” Amor, muy pocas.

Décimas a Dios fue probablemente su libro más celebrado, el más intimo y con él ya no cabía lugar a duda sobre su talento. Publicaría ocho libros más reafirmando su legado y una rica herencia escrita para la hispanidad, la universalidad de su literatura, el feminismo y la mujer contemporánea.

Pasemos pues, a la esencial relectura de su obra…

 

Adentro de mi vaga superficie

Adentro de mi vaga superficie
se revuelve un constante movimiento;
es el polvo que todo lo renueva,
destruyendo.

Adentro de la piel que me protege
y de la carne a la que estoy nutriendo,
hay una voz interna que me nombra;
Polvo tenso.

Sé bien que no he escogido la materia
de este cuerpo tenaz, pero indefenso,
arrastro una cadena de cenizas:
polvo eterno.

Tal como yo han pasado las edades,
soportando la lucha de lo interno,
el polvo va tomando sus entrañas
de alimento…

¡Humanidad, del polvo experimento!

 

Por qué me desprendí

¿Por qué me desprendí de la corriente
misteriosa y eterna en la que estaba
fundida, para ser siempre la esclava
de este cuerpo tenaz e independiente?

¿Por qué me convertí en un ser viviente
que soporta una sangre que es de lava
y la angustiosa oscuridad excava
sabiendo que su audacia es impotente?

¡Cuántas veces pensando en mi materia
consideréme absurda y sin sentido,
farsa de soledad y de miseria,

ridícula criatura del olvido,
máscara sin valor de inútil feria
y eco que no proviene de sonido!

 

Viejas raíces empolvadas

Son mis viejas raíces empolvadas
la extraña clave de mi cautiverio;
atada estoy al polvo y su misterio,
llevo ajenas esencias ignoradas.

En mis poros están ya señaladas
las cicatrices de un eterno imperio;
el polvo en mí ha marcado su cauterio,
soy víctima de culpas olvidadas.

En polvorienta forma me presiento
y a las nuevas raíces sobresalto
he de legar, con mi angustioso aliento.

Mas conquistando el aire por asalto,
nada tengo que ver con lo que siento,
soy cómplice infeliz de algo más alto.

……..

……..

La aritmética…


La aritmética alarmante
la matemática fría
la distante geografía
el álgebra desquiciante

la alquimia desconcertante
la glacial filosofía
la celeste astronomía
la teología enajenante

el ajedrez silencioso
el dominó misterioso
el deporte de la lumbre,

que es de los juegos la cumbre,
nunca podrán igualar
al deporte de pensar

 

Mi testamento


En estas líneas que con tinta escribo
te lego Juan de Dios mi testamento,
quede de testimonio documento
la palabra transcrita que transcribo

En estas letras dadas al olvido
infinitas, igual que el firmamento,
dejo mi signo, mi señal, mi acento
y te digo don Juan lo que he vivido

Y te digo don Juan cómo yo he muerto
Lego mis asombrosos abalorios
a la sombra del ávido desierto
y a la misa final de mis velorios
Y mi sangre la dejo al llano abierto
y mi gloria a los cielos transitorios

 

Ese Cristo…

Ese Cristo tan negro y vengativo
al que debo una deuda prometida,
permanece agónico y con vida
esperando mi tardo donativo

Ese Cristo de sangre fugitivo
prolonga su agonía desmedida
y su sangre está ya comprometida
con su cuerpo sangriento y abatido

Ese Cristo de noche a mí me sigue
y me cobra y me reta y me persigue
y su mirada eterna de agonía

a la luz de mis ojos desafía
Cubierto con un tápalo morado
es testigo de mi íntimo pecado

 

Me doctoré…

Me doctoré en masoquismos
también en jurisprudencia
me doctoré en la alta ciencia
de fabricar silogismos

y de inventar espejismos
Me doctoré en la vehemencia
de saber que la conciencia
sólo acelera los ismos

Me doctoré en teología
también en melancolía
Me doctoré en letras muertas

también en ciencias inciertas
Me doctoré en el amor
lo practiqué en Do Mayor

 

Shakespeare

Shakespeare me llamó genial
Lope de Vega, infinita
Calderón, bruja maldita
y Fray Luis la episcopal

Quevedo, grande inmortal
y Góngora la contrita
Sor Juana, monja inaudita
y Bécquer la mayoral

Rubén Darío, la hemorragia;
la hechicera de la magia
Machado, la alucinante

Villaurrutia, enajenante
García Lorca, la grandiosa
y yo me llamé la Diosa

 

He escrito dos mil sonetos

He escrito dos mil sonetos
y mil novecientas liras,
tengo un vestido de tiras
bordadas, y seis cuartetos

que escribí entre los abetos
En mis luminosos giros
hablé ya de odios y de iras
hablé de amores secretos

hablé de mapas y océanos,
de las palmas de mis manos
de los astros y los ríos

de mis cien mil extravíos
Pero es más lo que he callado
que lo que ya he publicado

 

Letanía de mis defectos

Soy vanidosa, déspota, blasfema;
soberbia, altiva, ingrata, desdeñosa;
pero conservo aún la tez de rosa.
La lumbre del infierno a mi me quema.

Es de cristal cortado mi sistema.
Soy ególatra, fría, tumultuosa.
Me quiebro como frágil mariposa.
Yo misma he construido mi anatema.

Soy perversa, malvada, vengativa.
Es prestada mi sangre y fugitiva.
Mis pensamientos son muy taciturnos.

Mis sueños de pecado son nocturnos.
Soy histérica, loca, desquiciada;
pero a la eternidad ya sentenciada.

……..

Retrato de Pita Amor - Juan Soriano

Retrato de Guadalupe Amor por el maestro Juan Soriano