Lluvia huérfana y otros poemas de Inés Barrio – Poesía Argentina.

Fue en el viejo Cafe la Poesía de Buenos Aires donde la viajera y traductora Marie Garcia se encontro con el que se convertiría en uno de sus poemarios favoritos… ahí escondido entre los libros de una estantería junto al piano del icónico lugar. Mi vida, los caminos es el titulo del poemario donde nuestra viajera leyó y se enamoro de un poema en particular y así, meses mas tarde se dispuso a localizar a la autora para obtener su permiso de publicarlo en su blog personal.

Fue también con un cafe, esta vez en la casa de la viajera a 11,000 kilometros al norte de la capital argentina que conocí la obra de la poeta en cuestion. La conexión fue instantanea y desde entonces busque compartir una obra digna de leer y más aún, de sentir una y otra vez.


Médica, egresada de la Facultad de Medicina de la Universidad de Buenos Aires (UBA), con diploma de honor. Especialidad: Neuróloga Universitaria.
En el año 2002 la Asociación Pablo Menassa de Lucia, en su 3ª convocatoria, concedió el primer premio de psicoanálisis al libro Psicoanálisis y Medicina. En el año 2003 la Asociación Pablo Menassa de Lucia, en su 4ª convocatoria, concedió el Tercer premio de poesía (ex aequo) al libro Claveles españoles.

Libros de poesía publicados: De tantos vuelos, Eva buenosayres, Claveles españoles, Mi vida, los caminos. 


 

Lluvia huérfana

             …

No llueve minucioso

como soñaba Borges, llueve como si el mar

cayera sobre el mundo,

sin tregua sin compasión sin cielo.

Es una lluvia de esas que vienen con el miedo

de infancia,

con la noche habitada de fantasmas.

(Estarías llamando para saber

si llegamos a salvo…)

Es eso la orfandad:

que nadie nunca nadie

te pregunte si ya llegaste a casa,

cuando llueve.

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No es tuyo lo que late en las venas

       …

Tal vez vi,

imaginé

el engranaje del amor en vos,

las escansiones de la vida,

la intermitencia de la muerte,

y eso

me encandiló.

Así de ciega anduve,

torpe por tus cosas,

tropezando, cayendo

así de sola.

Pensar desde hoy

hasta infinito

en construir una vida despoblada de vos,

de cuanto fuimos.

¿Cuánto fuimos?…

¿Fuimos?…

Porque no te atesoro.

Ni la sombra de aquellos dardos hondos

en el medio del pecho,

ni el pálpito de tu abandono repetido.

El sueño restituye

lo amado ausente.

Tanto soñé despierta,

que te perdiste entre fantasmas

que no inquietan,

entre alucinaciones surrealistas

te hiciste nada.

No es tuyo lo que late en las venas.

No estás aquí, ni en mí.

Hoy

descubrí los túneles

definitivos,

luminosos,

por donde te me fuiste del alma.

 

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Faltar aquí

        …

Yo no quiere morir.

Inventa días y noches

los desovilla del universo,

hilvana estrellas metas

pensamientos soles

promesas

lo incumplido.

Yo, no quiere morir.

Cántaros de lágrimas en vano,

yo no quiere morir.

¿Porque dónde tus ojos

de claridad infinita, sino aquí?

¿Y dónde este color de la sangre

y este pálpito del azar venturoso?

¿Y dónde estas arenas movedizas

este plato de tierra firme,

este camino?

Yo, no quiere morir.

Faltar aquí, de aquí

silla vacía,

silencio que fue decir.

Faltar de aquí

no verte ya crecer,

no mirar nunca más para atrás

no parpadear el horizonte,

no temer.

Faltar,

deshabitado el mundo de mí

volverme una memoria

cada vez más borrosa…

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Yo te agradezco

            …

Yo te agradezco que hayas estado allí,

como si nada

como si todo

abriéndome a lo nuevo.

Después, cambiaste de parecer,

pero estaban izadas las banderas.

Tenías un modo descuidado

de ocuparte del mundo,

paseándote por la sala

con un teléfono mudo,

mientras repartías aspirinas

en pequeños frasquitos,

para aliviar el dolor de toda Cuba.

Después, cambiaste de parecer

pero estaban izadas las banderas.

Tenías un modo de jugarte la vida

en cada gesto.

Yo no sabía todavía

que el que quiere tenerlo,

pierde,

y el que quiere perderlo

lo pierde aún más temprano.

Yo no sabía que la peor adicción

es el hambre

y el mayor desamparo

es el exilio.

Después, cambiaste de parecer,

pero estaban izadas las banderas.

Tenías un modo del coraje

que daba miedo,

y un miedo a enamorarte

que daba pena.

Pero tenías una insolencia ante lo injusto

una ternura de orquesta provinciana

una pasión por la memoria

y un lenguaje extranjero,

que sólo yo entendía.

Todo en deshilachado acorde

todo en papeles sueltos

todo en gastadas grabaciones

todo entre los pliegues de un pañuelo,

a la intemperie

sin actas

sin testigos

sin descendencia

sin herencia,

sin porvenir.

Yo te agradezco que hayas estado allí,

como si nada.

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Pasión y fuego lento

                …

Acostumbrada a los incendios:

la piel quemada

el aire insuficiente

los ojos ciegos

la garganta quebrada,

y las urgencias,

los rescates inútiles

y después, el derrumbe.

Contar las pérdidas o descontarlas.

Y otra vez los relámpagos encendiendo las noches,

y las mañanas desoladas.

Niños abandonados bajo la lluvia.

Volverse loco o escribir.

Atarse al carro de los días

al poema, a los trabajos repetidos de olvidar.

Pasión y fuego lento fue la vida

desde que entraste por aquella ventana

mal cerrada.

Yo no sabía que los grandes imperios

estaban hechos de esas sustancias poderosas,

del beneficio de la espera

de las noventa y nueve noches del soldado

suspendidas de un sueño.

Pasión y fuego lento

nuestro amor,

el otoño encendido de tus ojos

tus anchas manos de labriego

útiles de ternura,

los muros de la casa

los viajes infinitos

el dolor sordo ardiendo entre los dientes,

y una violeta de los Alpes asomándose

apenas.

Pasión y fuego lento

los hijos,

el camino,

mi arrebatado corazón,

tus hombros de guerrero.

Me puse de puntillas

para mirar el mundo

desde la altura de tu hombría.

No hay otra luz que ansíe,

ni otro cielo.

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Obra artistica de Marc Chagall.                                          

Por fin

 

Subo.

Voy saliendo a pulmón

de las profundidades del mar negro.

Me desprendo tentáculos y algas.

Poco de luz se filtra,

voy saliendo.

Primero la cabeza

las dos manos abiertas,

los brazos

medio cuerpo,

respiro a bocanadas

semiahogada,

macerada la piel

y el alma macerada.

Penosamente salgo, por fin.

 

 Ya no te amo.

 

Escrito por la poeta argentina; Inés Barrio

 

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At Last

 

I rise.

I come up fighting

from the depths of the black sea.

I peel off tentacles and algae.

A little light filters through,

I am coming up.

First my head

both of my hands, open,

my arms

my torso,

I gulp mouthfuls of air

half drowned,

my skin waterlogged

and my soul waterlogged.

With great effort I come out, at last.

 

I do not love you anymore.

 

-Inés Barrio, translated by Marie Garcia. 

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Fotografia – Lola Alvarez – Bravo

Poema de noche

El aire está vivo y húmedo

con la sugerencia de una lluvia reciente.

Las luces centelleantes iluminan pequeñas piscinas en la rota acera

y mis pisadas las perturban,

haciendo titilar sus desmenuzadas reflexiones.

Aspiro los olores de ozono,

carne frita,

perfumes y licores,

mezcladas en un jardín embriagante.

 

Me siento alta y fuerte, extasiada.

 

Músicas diversas, urgentes y pesadas, gritan de varias ventanas, discutiendo entre sí,

dando a luz a nuevas palpitaciones en el cuerpo,

haciendo sacudir los huesos con sus vibraciones.

Tres nalgonas se impacientan en una esquina,

perdiendo control de sus galopantes caderas, 

casi muriéndose por cruzar la calle 

y entrar en la boca de donde sale la llamada de apareamiento irresistible. 

Me cuesta no seguirlas

y entregarme al ruido de la noche vernal.

 

Tengo antojo de una retrocesión del tiempo…

De perderme entre los locos y los borrachos, quienes normalmente me asustan.

De esconderme en las sombras y quemarme contra el cuerpo de otro.

Me rebosa una nostalgia dulce y no quiero que nadie me rescate de ella. 

 

Heme aquí, media vieja e invisible en esta calle viva, 

olvidándome en el baile frenético de la juventud desatada.

Escrito por… Marie Garcia
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Alfonsina – Alain Bailleres

Cataclismo en la calle Pine.

Me dijiste en un parpadeo, mas de lo que hubieses querido decir

yo en cambio…

te dije en una mirada; menos de lo que te hubiese querido gritar

mis manos en los bolsillos, las tuyas sueltas como ramas

dibujas una media sonrisa y yo, solo bajo la mirada

tu paso se torna lento, el mío torpe

ya no estas tan lejos

y en el cruze…

un roce. 

 

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Seattle en llamas

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Voraz

se alimenta la ciudad,

crece con sus brazos de concreto

aplastando

la virtud primigenia,

creando ecosistemas de opulencia,

de fantasía, de miseria,

de utopía versus realidad.

La ciudad

sigue creciendo

incesante,

fría, húmeda, impaciente

con sus alimañas de acero y largos cuellos

engullendo bosques, lagos

historias, mártires,

relatos y memorias,

lavando culpas

y fortunas,

creando magnífica infraestructura

en pos

de la modernidad.

 

Brillante;

 

La ciudad parpadea y brilla

luminosa,

se sabe poderosa,

se viste de luces a cada noche

seduciendo una corte

de un  nebuloso palacio imperial.

Y yace,

Intoxicada

en su cuna de montañas,

 abrigada

de un verdor casi fantasmal,

sus torres

se alzan desafiantes,

punzantes,

se extienden los bulevares,

 puentes y calles,

 restaurantes,

 oficinas,

museos, casas y comercios,

plazas como templos,

palacetes 

mas palacetes

y mas comercios 

de momentos que satisfacen vidas, 

de verdades que saben a mentiras

y  prostitución general. 

 

Entonces;

 

El puerto se abre

apabullante 

con sus gigantes cuervos de hierro amenazante

esperando desembarcar,

 gordos peces flotantes

de Asia, Oceanía

Latinoamérica y Canadá

llegan, ofrendan

y se van.

 

Al sur,

el aeropuerto

fluyendo de historias, anhelos

con sus miles de divisas y pasaportes

nutriendo la ciudad.

¡Avanza!

El monoriel avanza de prisa

 desde Seatac hasta la impagable universidad,

 los coches, los taxis, camiones

se abalanzan en estampida por la grande avenida

de norte a sur y del sur al norte

cual columna vertebral.

 

 No escuchas?

 

Gritan

los habitantes gritan

frenéticos,

unos vivos y otros muertos

inocentes

e indecentes de indecible notoriedad,

escúchalos gritar

en los estadios fulgurantes,

 conciertos, 

 centros nocturnos,

parques

y calles, hospitales,

de dolor, de algarabía, de hambre,

de justicia

o en las esquinas

 vestidos de pobreza ficticia,

hambrientos de lástima,

de heroína

víctimas de un sistema que nunca es tema,

adormecidos en una brisa tóxica

llamada realidad.

Gritan también

¡Oh sagrada y ejemplar democracia!

en sus marchas

 marcadas de ambigua propaganda

de indiferencia, de verdades cortas

o verdades que queman,

los anarquistas,

 feministas,

 homosexuales,

los de la derecha reclamante y sangrante,

 la izquierda primer-mundista,

la burguesia hipsteriana,

los inconformes,

refugiados, activistas,

 absolutistas, hipócritas,

los políticamente in-correctos,

los blancos, los negros

y los blancos contra negros,

los contra todos,

los que pasaban por ahí,

y… ¡ah! los inmigrantes,

asiáticos, africanos, latinoamericanos

tratando de vivir un sueño que no existe

en la tierra de la mezquina libertad.

Pero siguen gritando

¡Obstinados!

en los jardines de Mercer Island,

 Medina y Madison Park,

en las cocinas,

los taxis,

las construcciones

con su léxico deforme

acariciando sueños de nueve dígitos

con sabor a seguro social.

 

Ronronea,

la ciudad ronronea

como gata embriagada,

mareada de prosperidad,

en sus callejones y debajo de sus puentes

con sus indigentes,

en la avenida Aurora cual caminante seductora

o en la colina con sus bares y cantinas

o en cualquiera de las esquinas

de Pioneer Square.

 

Y se ríe;

 

La ciudad se ríe descarada

no la vez?

porque se sabe idolatrada

por religiosos,

artistas,

liberales y nacionalistas,

por los que nada valen y los que lo valen todo

la ciudad se alimenta

hambrienta

de sabios e ignorantes

seduce a los audaces,

dividiéndolos

 en etnias, géneros, lenguajes

en razas ¡como perros!

muchos prisioneros

de sus miedos e infortunios

de un gobierno tuerto, manco y mudo

y ciudades que parecen prismas

incapaces de cargar el peso de tanta diversidad.

 

Pero;

 

La ciudad canta ,la ciudad llora,

la ciudad vive, crea, destruye

y se transforma,

¡vibra!

a cada instante,

a cada inmigrante

a cada risa, a cada estación,

a cada muerte y a cada nacimiento,

a cada marcha y a cada grito de verdad,

a cada inversionista,

a cada orgasmo,

a cada alabanza, 

a cada árbol,

a cada ola de mar.

 

¡Larga vida a la ciudad!

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Renacimiento

Nací, y otra vez y a partir…

Sigo naciendo a cada equinoccio, a cada solsticio,

a cada tiempo se renueva esta piel de áspera corteza

y recobra su místico brillo de ámbar.

Nací, en un principio,

del bautismo cristiano que no pudo ser

y del otro que fue en aguas de rio pedregosas

en las afueras de la ciudad de los santos,

los mismos

que ahora penden orgullosos de mi cuello.

Nací, y otra vez y a partir…

Sigo naciendo a cada luna llena, a cada tormenta

a cada página que leo y a cada otra que escribo

reinventandome en/o historias ajenas,

acertijos,

buscando siempre

la ignota causa primera de mi unidad universal.

Nací sin pretenderlo

un día

del verso mas desesperado de Neruda,

de la rosa mas fragante del milagro

de Ibarbourou,

de la sonrisa pagana de Hipatia,

de una principesca imagen de melancolía

en Sonatina,

de el Quijote y su lúcida locura,

y

del mas onírico delirio de Saint – Exupéry.

Sigo naciendo, sin detenerme,

mutando,

a ratos consciente y en otros, pareciera que dormido,

en piel de serpiente,

ave, cocodrilo,

poesía

o metal.

Y otra vez y a partir…

Sigo naciendo libre y con rima,

fluyo del verso y el universo me aproxima

a la formula etérea y por demás arbitraria

de mi creación inmaterial.

Porque antes fuí roca,

y ahora

una quimera

con largos brazos como puentes

o ríos

sobre los que cruzan mis fantasmas,

todo lo que fuí, lo que soy

y la única certeza de lo que un día

seré,

la palabra escrita.

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La barca del cocodrilo – Leonora Carrington

Huesitos de pollo

Acurrucada en mis pies, te duermes serena
pero oscuras tus artes y en mi panza despiertas,
no soy acaso de ti tu almohada predilecta?
por que me castigas entonces con tu indiferencia
y lenta te levantas, mi niña ¡despierta!

Pareces flotar con tus patitas de algodón,
de un mueble a otro saltas cual rayo veloz,
pero nunca te cansas nubecilla ruidosa
y exiges cual reina mi atención, caprichosa.

Me enojo, te escondes, taimada regresas
oscuras tus artes y de un brinco me contentas,
aveces me pregunto si realmente me quieres
o son tantos cariños el pago a mis deberes?

Corro, me persigues, te grito y me ladras
te estiro la cola y te jalo las patas
el día languidece y juntos dormitamos
yo en la mecedora, tu en mi regazo.

Eres de mi vida, su altanera dueña
mis manos tu peine y por cuna mis piernas
te aprieto a mi pecho, me comes a besos
como no escribirte ¡mi niña! estos versos.

Para ti son mis cantos que te saben a arrullo
mis breves corajes, mis desvelos nocturnos,
todas mis almohadas y caricias constantes
el sol de las mañanas, la brisa de las tardes.

Por si fuera poco y no menos importante,
te doy mi paciencia ¡mira que es bastante!
también de mi sonrisa te guardo su miel
y estos ojos, que lo sabes, te saben querer
y por ultimo, mi niña, y si te portas bien,
huesitos de pollo al atardecer.

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Solo quiero bailar!

La calle se larga luminosa
y promiscua se arquea indecorosa
a la altura del teatro y mas allá,
una sonrisa se esgrime tentadora
y un par de ojos me guiñan a la sombra
pero yo, solo quiero bailar.

La muchedumbre se arremolina
intoxicada de expectativas
en las esquinas, los restaurantes
tlac tlac tlac, los tacones parlantes
pantalones ajustados, miradas furtivas
romances audaces que solo brillan
cual estrellas fugaces
el cruce de una calle y nada mas.

Una puerta y un custodio
guardando una torre de mármoles y oros
en la esquina de Boylston y Pine st.
entro sigiloso, a paso firme y tormentoso
mas guiños, mas sonrisas
tactos que saben a brisa, y algo mas
pero nada me detiene y subo de prisa
y en la cumbre de la torre, la pista!
y yo… solo quiero bailar.

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Soy mi laberinto

Morenos
fueron concebidos mis paisajes,
y altivas
se alzaron mis vertientes,
castellanas
fluyeron de repente mis ideas
 y mis cabellos
de mil serpientes.
Nací de la hoguera
ancestral de mis demonios
sin la encarnecida vestidura de mi cuerpo,
cubierto fue entonces de alabastro
mi sistema,
de polvo cósmico mi centro,
de mármoles y piedras, oros y blasfemias
en rito ceremonial
mi sacramento.
Soy…
los ojos
náufragos de mi padre
y de mi madre, su frágil columna,
mis manos son de acuario,
mi ciencia inexacta
y delicada
mi silueta de bruma,
antigua es mi sangre
como antiguas mis letras
se escriben siempre taciturnas,
una y otra vez
mis letras errantes
una y otra vez
se escriben, de nuevo
embriagadas
al amparo de la luna.
Soy mi laberinto,
cambiante, profundo,
cubierto de espejos, cuarteados algunos,
soy trueno de voz
que sentencia maleficios,
¡soy destrucción!
¡fulgor!
¡cataclismo!
una huella humeante,
la llama constante,
mi laberinto me engulle
completo y a versos,
a ratos me escupe y escapo en silencios
pero luego regreso
asustado,
perdido,
mi laberinto me llama
cantando artificios
y me adentro
inconsciente
en su seno boreal.
Morenos
son mis paisajes y altivas
mis vertientes,
castellanas nacen mis ideas
y mis cabellos… de mil serpientes.
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Fruto de la noche…

Soy fruto de la noche por que en ella nací,
y en ella, en un abrazo de nocturno viento moriré.
Soy colibrí de los densos montes y nublados atardeceres
soy serpiente viajera de los caminos empedrados y tierras lodosas
soy helecho que nace del moribundo tronco milenario
no soy ruido, solo el susurro
no soy el agua, soy la corriente
niebla de la mañana
crujir de hoja seca.

Soy el brujo de los cuentos de mar que no terminan,
por que las olas no cesan
las hojas siempre caen
y las estrellas, siempre brillan.

La tierra… reconoce mis huellas
por que piso fuerte en mi andar,
escuchas mis pasos?
soy ese venado que no puedes ver
frondosas las ramas
celosos los árboles
me esconden.

Pero no me oculto del sol
ni me guardo del frío
por que esta piel de cocodrilo
me protege
me transforma
me alimenta
me acaricia.

Soy el noble espíritu del manatí
la pluma que cae al vuelo de la gaviota
no soy la palma, soy la raíz
no soy cuerpo, solo vida
el búho que no duerme
soy… fruto de la noche.

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