Poema de noche

El aire está vivo y húmedo

con la sugerencia de una lluvia reciente.

Las luces centelleantes iluminan pequeñas piscinas en la rota acera

y mis pisadas las perturban,

haciendo titilar sus desmenuzadas reflexiones.

Aspiro los olores de ozono,

carne frita,

perfumes y licores,

mezcladas en un jardín embriagante.

 

Me siento alta y fuerte, extasiada.

 

Músicas diversas, urgentes y pesadas, gritan de varias ventanas, discutiendo entre sí,

dando a luz a nuevas palpitaciones en el cuerpo,

haciendo sacudir los huesos con sus vibraciones.

Tres nalgonas se impacientan en una esquina,

perdiendo control de sus galopantes caderas, 

casi muriéndose por cruzar la calle 

y entrar en la boca de donde sale la llamada de apareamiento irresistible. 

Me cuesta no seguirlas

y entregarme al ruido de la noche vernal.

 

Tengo antojo de una retrocesión del tiempo…

De perderme entre los locos y los borrachos, quienes normalmente me asustan.

De esconderme en las sombras y quemarme contra el cuerpo de otro.

Me rebosa una nostalgia dulce y no quiero que nadie me rescate de ella. 

 

Heme aquí, media vieja e invisible en esta calle viva, 

olvidándome en el baile frenético de la juventud desatada.

Escrito por… Marie Garcia
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Alfonsina – Alain Bailleres

Cuentos e historias breves a descubrir…

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Fabulas de Nuestra Tierra es el titulo de un pequeño libro que sabe a muerte, pero no a una cualquiera, sino a una mexicana, esa que huele a pan y a camino de tierra, a arbol milenario y a amores que no se olvidan.

Los personajes, unos vivos y otros muertos, convergen en un místico mozaico de cultura ancestral e historias de festiva melancolia, porque la muerte en México es contradictoria, se festeja y se sufre.

La autora, Nora Giron-Dolce es también autora de reconocida literatura infantil con titulos como “Los cuentos para soñar de mi Nana Luna” y “Diego Bandolero Corazon Aventurero”, por si fuera poco, es también mi compañera de letras en el grupo de escritores hispanos “Seattle Escribe”.

http://girondolce.blogspot.com/

https://www.facebook.com/noragirondolce

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Tomu y otros cuentos, es el titulo de un pequeño cofre de sorpresas y por sorpresa me tomo descubrirlo en una tertulia literaria. El autor lo llevaba consigo y se lo pedi, no tenia cambio y prometi pagarselo en la siguiente reunion ademas de obligarlo a firmarmelo ¡faltaba mas! y sospecho que al sol de hoy la deuda continua y con intereses por que para mi buena fortuna disfrute mucho su lectura… ¡que descaro!

Onirico, fresco y estimulante son los mejores adjetivos para esta coleción de cuentos que narran historias que no tienen nada que ver la una con la otra y así, vas desde una escena de drama juvenil contemporanea hasta la surrealista historia del mismisimo Tomu… no me gustan los spoilers y no pretendo convertirme en uno, invitados estan a descubrirlo entonces.

El autor es Kenneth Martinez y que creen? si… tambíen es compañero de letras en “Seattle Escribe”, es un escritor tímido y no tiene redes sociales como tal pero su “cofre de sorpresas” esta disponible en http://www.amazon.com

Invitados estan, a una lectura maravillosa!

La casa de los secretos.

 

La historia se centra en dos momentos históricos diferentes, entre los tiempos de Juarez y Diaz, entre el México de la Reforma y el porfiriato… antesala de la revolución. Precisamente en ese México convulsionado, atrapado entres guerras internas y externas, despojado y confundido ante la búsqueda de su propia identidad, la historia de una familia; los Allende, se relata en una narrativa realista y mística a su vez, costumbrista y dotada de una cosmogonía ancestral que aun se saborea en los antiguos pueblos y ciudades mexicanas.

La autora, Maria de Lourdes Victoria trabajo por mas de seis años en la investigación de esta, su ultima novela y con ello nos regala una ventana al mágico pasado de unos de los bastiones mas ilustres y ricos de la cultura mexicana, Oaxaca. 

Sobra decir que disfrute mucho la novela por sus paisajes, sus costumbres, los olores que transmite a travez de una narrativa impecable, su base histórica y mas aun por lo entrañable de sus personajes, esos que logras conocer y recordar mas allá de la propia novela.

Maria, como la llamamos los que la apreciamos, es maestra y fundadora del grupo de escritores hispanos “Seattle Escribe” y trabaja actualmente para fortuna de sus lectores en su próxima novela, la cual tendra sabor a chocolate. 

Invitados están, a una lectura maravillosa!

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Siguela en:

http://www.mariadelourdesvictoria.com/

https://www.facebook.com/MariaDeLourdesVictoria/

El Encuentro.

 

Más que un libro, es una ancha ventana al tema de la inmigración, un punto de referencia, por momentos un espejo y en otros una dolorosa bofetada, para mi una invitación implícita. Rosa y Ernesto (los personajes) entrelazan sus historias por una casualidad que parece no existir y sabe mas a destino. Unen sus vidas, sin saberlo, con el hilo rojo de la miseria y la barbarie, la búsqueda de una identidad perdida y la indiferencia con la que viven día a día los impulsados a vivir sueños que parecieran no corresponderles. La novela nos invita a ver mas allá de nuestra limitada experiencia, a entender razones ajenas y a medirnos zapatos que nos apretarían hasta la humanidad. 

La autora es Rita Sturam Wirkala, de nacionalidad argentina y residente de la ciudad de la aguja espacial y los altos pinos… Seattle, WA. Entre sus muchas ocupaciones esta la de ser maestra de escritura creativa en la biblioteca publica de la ciudad para el grupo de escritores hispanos “Seattle Escribe”  http://www.seattleescribe.org/  y yo, presumo de ser uno de sus orgullosos alumnos. 

Su ultima novela, “Las aguas del KALAHARI” es también la lectura que me ocupa y disfruto en estos días, pero que merece otra breve reseña.

Invitados están, a una lectura maravillosa!

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Manila bárbara

Entrada desde https://example58407.blog/  #OvejaNegra

¡Que relato!

 

Oveja negra

La ciudad de Manila no tiene apellido porque es hija bastarda de malayos hinduístas, de los musulmanes que fundaron el sultanato de Sulú, de los chinos y japoneses que comerciaban con sus pobladores, y del poseedor de la fiebre fundacional católica española, el vasco Miguel López de Legazpi.

Manyla como la llaman los tagalos, no tiene apellido, pero para mi experiencia si tiene un adjetivo: bárbara.
Por primera vez fuera de occidente a mi vida en Manila puedo calificarla de extrema, temeraria, cruel, contradictoriamente grosera y sofisticada, brutal y genial.
Bárbara.
Allí a golpes de hacha dimos forma a nuestra manera de seguir viviendo… juntos.
Perdón pero casi se me escapa decir “en pareja”, pero esa relación recién nacida y basada en las jerarquías, se consolidó en Manila con la rigurosidad que un Amo impone a su esclavo.

Extranjeros anónimos y perdidos en la masa de más veinte millones de…

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Querer Morir / La Adicta – de Anne Sexton

Entrada desde https://buenosairespoetry.com/

Bellisimo!

LOS POETAS CONFESIONALES EXPLORARON EXPERIENCIAS PSÍQUICAS Y FÍSICAS -LOCURA, SUICIDIO, INCESTO, ODIO, DROGAS, MASTURBACIÓN, MENSTRUACIÓN- REPRIMIDAS POR EL DECORO POÉTICO REINANTE. ANNE SEXTON (1928, NEWTON – 1974, WESTON) EN PARTICULAR TRATÓ EL CUERPO FÍSICO FEMENINO Y SUS FUNCIONES CON UNA FRANQUEZA SORPRENDENTEMENTE NUEVA.

Querer morir

Ya que preguntas, la mayoría de los días no puedo recordar.
Camino en mis vestidos, sin marcas del viaje.
Luegoel casi innombrable deseo regresa.

Aún así no tengo nada contra la vida.
Conozco bien las briznas de hierba que mencionas,
los muebles que has puesto bajo el sol.

Pero los suicidas tienen un lenguaje especial.
Como los carpinteros quieren saber con qué herramientas.
Nunca preguntan por qué construir.

Dos veces me he declarado con simpleza,
he poseído al enemigo, me he comido al enemigo,
me he apropiado de su arte, de su magia.

De esta forma, pesada y pensativa,
más…

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Cataclismo en la calle Pine.

Me dijiste en un parpadeo mas de lo que hubieses querido decir

yo en cambio…

te dije en una mirada menos de lo que te hubiese querido gritar

mis manos en los bolsillos, las tuyas sueltas como ramas

dibujas una media sonrisa y yo, solo bajo la mirada

tu paso se torna lento, el mío torpe

ya no estas tan lejos

y en el cruze…

un roce. 

 

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Seattle en llamas

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Voraz

se alimenta la ciudad,

crece con sus brazos de concreto

aplastando

la virtud primigenia,

creando ecosistemas de opulencia,

de fantasía, de miseria,

de utopía versus realidad.

La ciudad

sigue creciendo

incesante,

fría, húmeda, impaciente

con sus alimañas de acero y largos cuellos

engullendo bosques, lagos

historias, mártires,

relatos y memorias,

lavando culpas

y fortunas,

creando magnífica infraestructura

en pos

de la modernidad.

 

Brillante;

 

La ciudad parpadea y brilla

luminosa,

se sabe poderosa,

se viste de luces a cada noche

seduciendo una corte

de un  nebuloso palacio imperial.

Y yace,

Intoxicada

en su cuna de montañas,

 abrigada

de un verdor casi fantasmal,

sus torres

se alzan desafiantes,

punzantes,

se extienden los bulevares,

 puentes y calles,

 restaurantes,

 oficinas,

museos, casas y comercios,

plazas como templos,

palacetes,

más palacetes

y más comercios 

de momentos que satisfacen vidas, 

de verdades que saben a mentiras

y  prostitución general. 

 

Entonces;

 

El puerto se abre

apabullante 

con sus gigantes cuervos de hierro amenazante

esperando desembarcar,

 gordos peces flotantes

de Asia, Oceanía

Latinoamérica y Canadá

llegan, ofrendan

y se van.

 

Al sur,

el aeropuerto

fluyendo de historias, anhelos

con sus miles de divisas y pasaportes

nutriendo la ciudad.

¡Avanza!

El monoriel avanza de prisa

 desde Seatac hasta la impagable universidad,

 los coches, los taxis, camiones

se abalanzan en estampida por la grande avenida

de norte a sur y del sur al norte

cual columna vertebral.

 

 No escuchas?

 

Gritan

los habitantes gritan

frenéticos,

unos vivos y otros muertos

inocentes

e indecentes de indecible notoriedad,

escúchalos gritar

en los estadios fulgurantes,

 conciertos, 

 centros nocturnos,

parques

y calles, hospitales,

de dolor, de algarabía, de hambre,

de justicia

o en las esquinas

 vestidos de pobreza ficticia,

hambrientos de lástima,

de heroína

víctimas de un sistema que nunca es tema,

adormecidos en una brisa tóxica

llamada realidad.

Gritan también

¡Oh sagrada y ejemplar democracia!

en sus marchas

 marcadas de ambigua propaganda

de indiferencia, de verdades cortas

o verdades que queman,

los anarquistas,

 feministas,

 homosexuales,

los de la derecha reclamante y sangrante,

 la izquierda primer-mundista,

la burguesia hipsteriana,

los inconformes,

refugiados, activistas,

 absolutistas, hipócritas,

los políticamente in-correctos,

los blancos, los negros

y los blancos contra negros,

los contra todos,

los que pasaban por ahí,

y… ¡ah! los inmigrantes,

asiáticos, africanos, latinoamericanos

tratando de vivir un sueño que no existe

en la tierra de la mezquina libertad.

Pero siguen gritando

¡Obstinados!

en los jardines de Mercer Island,

 Medina y Madison Park,

en las cocinas,

los taxis,

las construcciones

con su léxico deforme

acariciando sueños de nueve dígitos

con sabor a seguro social.

 

Ronronea,

la ciudad ronronea

como gata embriagada,

mareada de prosperidad,

en sus callejones y debajo de sus puentes

con sus indigentes,

en la avenida Aurora cual caminante seductora

o en la colina con sus bares y cantinas

o en cualquiera de las esquinas

de Pioneer Square.

 

Y se ríe;

 

La ciudad se ríe descarada

no la vez?

porque se sabe idolatrada

por religiosos,

artistas,

liberales y nacionalistas,

por los que nada valen y los que lo valen todo,

la ciudad se alimenta

hambrienta

de sabios e ignorantes

seduce a los audaces,

dividiéndolos

 en etnias, géneros, lenguajes

en razas ¡como perros!

muchos prisioneros

de sus miedos e infortunios

de un gobierno tuerto, manco y mudo

y ciudades que parecen prismas

incapaces de cargar el peso de tanta diversidad.

 

Pero;

 

La ciudad canta ,la ciudad llora,

la ciudad vive, crea, destruye

y se transforma,

¡vibra!

a cada instante,

a cada inmigrante

a cada risa, a cada estación,

a cada muerte y a cada nacimiento,

a cada marcha y a cada grito de verdad,

a cada inversionista,

a cada orgasmo,

a cada alabanza, 

a cada árbol,

a cada ola de mar.

 

¡Larga vida a la ciudad!

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Flor de iguana

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Fuiste flor de café todas tus mañanas

flor de sigilo cada madrugada

de enaguas vaporosas, rústicas sandalias

fuiste noche de aguardiente

lamento de paisana.

 Olías a pan dulce

albahaca y hiervabuena

a frijoles con totopos y carne de Chinameca

olías a perfume de olvido

Florentina

a fruta madura en la mesa

noche y día.

Larga tu trenza y largas tus costumbres

añeja tu lengua, añejas tus virtudes

fuiste mujer de gruesa corteza

flor de iguana

fuiste voz de milagroso rezo

Guadalupana.

Baila esta sandunga mi flor de tehuana

luce tu ahogador de fina filigrana

brinda con mezcal de amores

abuela mía

brinda por tu muerte, brinda por la vida

que las flores del camposanto

ya no cierran… Florentina.

 

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Arte del maestro Diego Rivera

El Refugio

Un incontrolable entusiasmo me invadía, quería ver por la ventana del coche todo el tiempo y entonces aparecía -el arco- y era tan alto! según yo; que tan solo era un infante. Al entrar en la casa varios perros nos recibían, a veces ninguno, pero lo que más recuerdo es el olor, tan característico que se impregnaba en mis pulmones, la piel, la ropa y sospecho que hasta en la memoria por que aun siento olerlo en mis recuerdos. Entonces salía; alto, robusto, moreno y gritón, el abuelo. Su voz retumbaba en el piso como un trueno, rasposa como lija y dotada de una carcajada desafiante y atrevida, nos recibía a besos, a abrazos que sabían a bruscos apretones y entonces venia lo inevitable, nos rodeaba con sus brazos de árbol para evitar nuestra huida y nos comía las orejas a mordidas con sus dientes desgastados y filosos, nos hacia gritar pero su risa era contagiosa y sus cosquillas interminables. Así nos recibía el abuelo a nosotros, sus nietos.

*A tierra húmeda, coco y aguacate, 

a palma y madera, carbon de anafre

huelen mis recuerdos, huelen incesantes*

Don Alfonso Arjona y Zetina había para aquel entonces fincado su residencia en un pequeño pueblo llamado Bacalar (Bakhalal en maya) al sur del estado de Quintana Roo y muy cerca de la capital, Chetumal. Nosotros, su familia más cercana vivíamos a tan solo cinco horas en coche y procurábamos visitarlo a menudo. Mis recuerdos son muchos, algunos difusos y otros nítidos como los azules y verdes de la laguna misma. Sus cuentos de serpientes marinas que me hacían observarla -la laguna- desde el mirador de la casa largos ratos buscando una señal, tan solo una de la existencia de semejantes criaturas. Sus relatos de piratas atacando el fuerte de San Felipe y de sus naufragios con baúles llenos de oros y riquezas esperando ser descubiertas. Sus historias acerca de la procedencia de los Arjona en Europa y el Oriente. Sus poesías, sus escritos de viejo melancólico que de alguna forma, me recuerdan tanto a la mas nostálgica imagen que guardo de Ernest Hemingway.

*De selva mística y piedra,

de tierra negra y negra la sombra de tus arboles

de jade y turquesa tus aguas, tus aves,

de madera y fango y letras tu sangre,

Bacalar*

De mi abuelo herede esa quijada puntiaguda, si… esa que hace verme chueca la cara en cualquier foto, su tono de piel de azúcar morena mezclada con canela molida, sus manos largas y expresivas de pianista ¡infinitas! surcadas por protuberantes ríos de sangre hirviente y letras; aún mas hirvientes. Sus entradas en la frente gigantescas ¡monumentales! que francamente hubiese preferido heredar dinero, pero también herede parte de su ser, su cinismo, su inteligencia, el trueno de su garganta y ese amor propio que lo hacia tan egoísta, tan él, tan don Alfonso.

*Soy piel de tu piel, voz de tu voz

de tu huella fértil ascendí

buganbilia en flor*

El Refugio era su casa, su palacio y en el el te recibía ese arco en la entrada tan inolvidable, la casa estaba rodeada de jardines, arboles por aquí y por allá, de repente sus escalones de piedra te invitaban a entrar y un pasillo serpenteante con columnas y techo de bambú te guiaba a la recepción, no sin antes apreciar su jardín interior encerrado en una especie de cerco de madera que lo protegía. El comedor era grande, con un pequeño teatro al fondo y en sus mesas de madera con sillas de hierro y rojos colchones disfrutábamos una de las tantas dotes del abuelo, la cocina. La casa fungía como hostal y para tal motivo contaba con numerosas habitaciones, la cocina era amplia y desorganizada y en ella el abuelo pasaba muchas horas, que a veces pienso que mas que una cocina era su taller y que de ahí emanaba ese olor característico que al Refugio distinguía. A veces me parece verlo sentado a media noche en su cocina-taller mezclando hierbas y brebajes, conjurando con el pasado y pactando con las estrellas el incierto futuro, pero algo me dice que no lo consiguió; las estrellas ya estaban muertas. En el pueblo lo llamaban don Tarot ya que leía las cartas cual místico brujo maya, yo más bien creo que era un charlatán, pero tenia el don de la palabra y con su voz las lanzaba filosas cortando el viento, cambiando mentes y definiendo destinos. Pero lo que más yo aún recuerdo de la casa era el mirador, redondo, alto y con una vista que arrebataba el aliento, su alta palapa nos protegía del sol, la lluvia y de la vida misma, parecía que ahí el tiempo transcurría lento y seguro, me gustaba sentarme en el barandal de piedra incrustado con ojitos de turquesa y soñar, soñar que era yo, el rey de ese castillo.

*En aquella casa de arcos y palapas

vive un pájaro brujo de altos vuelos,

dígame, don Tarot, si el aún me ama, 

pero si no, no diga nada, que yo

de amor… me muero*

Casi siempre al otro día bajábamos en estampida hasta el muelle, la casa se ubicaba en lo alto y un camino de tierra empinado nos dirigía a la laguna de mar, para mi era como un mar por que esos azules no correspondían a los de una simple laguna. Teníamos que llegar hasta el final del muelle ya que la orilla era fangosa y yo temía desaparecer en el fondo de ese lodo amenazante. Clavados, muchos clavados, nadábamos hasta hartarnos y a veces, el abuelo nos paseaba en su lancha por toda la laguna presumiéndonos sus dominios, sus reinos con sus conquistas, las brechas que abrió a punta de machete y su orgulloso barco de piedra en el canal de los piratas, donde pretendía algún día poner un restaurante. De regreso le gustaba jugar a mover la lancha violentamente de un lado a otro y a que nos hundíamos como sus cuentos de piratas y solo ahí, en ese instante… creía odiarlo.

*Cántame laguna bonita, un bolero de azul  y verde melancolía*

Cuenta la historia, la de mi madre, que el abuelo era un bohemio, cínico y desvergonzado, carismático, audaz y soñador, cariñoso cuando su orgullo se lo permitía, hombre visionario de arrebatados impulsos, machista pero encantador, padre ausente, un zanate rechoncho de vuelos altos y penetrante graznido, que podía posarse igual en los zapotes como en los framboyanes, egoísta… ya lo dije y gastalon como el solo, apostaba tanto dinero como propiedades, así lo perdía todo y así de la nada, lo recuperaba. Se cuenta, que el dinero que ganaba era tanto que tenia que guardarlo en latas y esconderlo en diferentes rincones de una de sus casas para luego, con su alma embriagada de noche y alcohol regresar a vaciarlas y gastárselo en… da igual. En Veracruz vivían sus mujeres, sus hijos y el groso de su familia. En Bacalar solo el con sus espíritus, sus demonios y la última de sus esposas. Los Faroles y Antojitos Arjona fueron los nombres de sus restaurantes, en los que mi madre y sus hermanos junto a su familia adoptiva trabajaron día y noche, sin descanso y cuyos esfuerzos fueron la base misma de la construcción del Refugio, ese que hoy pertenece a manos indiferentes.

*Fuiste ave de alas anchas, Alfonso, muy anchas

pero de vuelos cortos, Alfonso, de vuelos cortos*

Mi abuelo hablaba mucho, demasiado, sus ojos eran grandes como dos frutos del almendro y se agrandaban aún más hablando de la laguna, del pueblo y de como su casa fungió como primera casa de la cultura y casa del escritor, de sus noches de tertulias con empresarios y políticos hoy encumbrados, de como un día llego un joven descalzo desde Belize, el mismo al que luego vio convertirse en gobernador del estado. Hablaba también de Veracruz, de la blanca ciudad de Mérida y su familia a la que dejo siendo muy joven para recorrer México, de Victoria, de Jose y el resto de sus hermanos, de su familia adoptiva los Rodriguez y solo un día, uno de los últimos, hablo de ella, a la que él en sus recuerdos o mentiras llamaba Teresa; mi abuela, la que fue el amor de su vida, la que llego en un barco a México de quien sabe donde y se fue dejando un aura de misterio, tres niños y un corazón roto. Entonces descubrí que el abuelo también lloraba y que los ojos de mi madre le recordaban a ella, el mas amado de sus ayeres.

*Te perdono mis noches de madrugada y sal

mis lunas de lamentos, mis olas tristes de mar.

Te ofrendo, si regresas, mis cantos de quetzal

y un barco de piedra en la laguna de Bacalar*

 A veces pienso en el abuelo como un amigo cercano, alguien con quien comparto tantas similitudes que, de repente, me lo imagino vivo, sentado bajo la palapa grande del mirador viendo su laguna, y yo con él, él con su risa y yo con la mía, ambas descaradas, atrevidas alborotando la noche y las palmeras del trópico. A veces lo extraño como extraño su casa, mi castillo, ese Refugio con sus pericos despertándome en la madrugada, con nosotros sus niños corriendo en los pasillos escondiéndonos bajo arboles de papaya, de orégano y de limón, matando bichos, descubriendo rincones, escondites, y si… aún me veo acariciando esos ojitos de turquesa con mis pequeños dedos, imaginándome venciendo a los piratas, a las gigantes serpientes y llevándome en una larga lancha todo el tesoro conmigo.