Chocolate

De la amarga experiencia dicha constante

oscura presencia en dulce brebaje

fina molienda tu aspecto divino, y espumosa

la esencia en tu líquido sentido.

 

Humilde semilla de engañosa presencia

negro terminas cuando verde comienzas

frío o caliente endulzas mil caminos

de arrogantes paladares o sencillos destinos.

 

¡Bate el Chocolate, bátelo con enjundia!

y huele del vapor brotar en bruma sus milagros

saborea dulce de la olla su ternura

que se impregne prodigiosa en la tersura de tus labios

y con cada sorbo los secretos de las lluvias

de los vientos, de los montes, del fruto del cacao

y de la entera tierra mía con sus soles y lunas

bate el Chocolate, ahora bátelo despacio.

 

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Cacao Harvest – Kelly ZumBerge

 

 

Los colores de Fulgencio

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Les comparto el último artículo de mi columna Ciudad de Todos a través de la revista local La Raza NW, en Seattle, sobre el multifacético artista Fulgencio Lazo, a quien agradezco enormemente su tiempo, honestidad, paciencia y sabiduría. Un texto derivado de una charla interminable sobre arte y la cultura que lo antecede… http://www.larazanw.com/noticias/los-colores-de-fulgencio/


Por Enmanuel R. Arjona – Ciudad de Todos

Manan inhóspitos los azules e intensos los naranjas y rosas complementan un fondo surrealista; salpican los grises, un rojo fluye incandescente y una linea oscura se curva desafiante traspasando la frontera de nuestra imaginación. Emergen entonces infantiles rostros contando cromáticas historias a través de un lienzo que parece inacabable. Polifonía de tonos y abstractas referencias se sobreponen como frutas en los mercados; el artista juega con nuestra conciencia, nos estimula y nos recuerda que también fuimos niños brincando charcos, volando papalotes y viviendo la inocencia de quienes se saben felices a pesar de todo.

El arte de Fulgencio Lazo es una constante retrospectiva de su pasado, pero a su vez, de una herencia cultural y ancestral que perdura inmóvil en el tiempo, donde la danza y la música interpretan el espíritu, la fuerza vital y alegría de todo un pueblo. Las memorias que sus pinceladas expresan en cada una de sus obras reflejan la idiosincracia latente de sus raíces, representadas en iconográficos elementos entrelazados por lineas y figuras asimétricas. Así, cada una de sus creaciones fluye en movimiento donde niños juegan dentro de un espacio/tiempo aventuras en color e imágenes oníricas. Sin necesidad de la retórica, los elementos pictóricos parecen explicar en acrobacias y malabares la compleja diversidad de emociones que las subyacen. Poco a poco, la óptica abre paso a la observancia de dichos elementos y la teatral amalgama de colores cobra un significativo sentido, o muchos, para después inquietarnos con el acertijo de su composición. La aparente incoherencia de su trazo nos engaña y pareciera someter  preconcebidas ideas al juicio de nuestra apreciación artística. El artista lo sabe y un travieso niño —llamado Fulgencio— sonríe.

Los danzantes, los trompos, los barcos y el propio mar se interpretan en la mente de Lazo más allá de lo figurativo. Los migrantes caminan dolorosas jornadas a través de su lienzo, recordándonos que las fronteras existen y que el dolor también se viste de intensos colores. Pero nuestro pintor y escultor no cesa en sus pretensiones, quiere decirnos algo, su intención nos hace cuestionar nuestro conocimiento del arte y su importancia en la visión contemporánea del mundo. Nos invita a debatir —a través de la vista— nuestra propia humanidad y sus alcances en la actualidad, las limitaciones sociales que nos separan y un extraviado anhelo de justicia sobre cualquier interés mundano, de paz, por sobre todas las cosas. El dialogo visual con la obra de Lazo resulta estimulante y nos recrea nuevas perspectivas: de repente, de un parpadeo a otro nos encontramos dentro del lienzo y somos parte del cuadro mismo, tal vez un vendedor de fruta, una bordadora, un músico, una niña saltando y otro jugando en su triciclo, quizás un amarillo destello en flor sobre un valle de girasoles, y descubrimos excitados dentro de esa posición privilegiada, la belleza del mundo.

“Aprende las reglas como un profesional, para que puedas romperlas como un artista”

                                                                                                            — Pablo Picasso

En su permanente estudio en el 1614 de la calle Jackson (Casa Latina) de la ciudad de Seattle, el maestro Lazo nos da cátedra en el empleo de los elementos tras sus tres décadas de esfuerzo, constancia y experiencia. Sus primeros estudios en la Escuela de Bellas Artes en la Universidad de Oaxaca bajo las enseñanzas de Shinzaburo Takeda son visibles en todas sus facetas, como la inevitable influencia de los grandes maestros oaxaqueños Rufino Tamayo y Francisco Toledo. Pero un joven Fulgencio necesitaba otras referencias y las encontró en los museos y galerías de Europa. Desde el surrealista trazo de Miró, la lírica abstracción de Kandinski hasta el moderno romanticismo de Chagall, pasando todos por el constante uso del color como metáfora de vida y símbolo de expresión creativa. Sus lineas divergentes entre formas figurativas hasta una vastedad de conceptos, influyeron en el trazo de nuestro entonces joven artista más allá de lo imaginable. Hoy nos encontramos con un pintor alejado de los tópicos latinos —independientemente de su origen o bagaje cultural— y enfrentando a la retórica del estereotipo mexicano que nos sumerge —como migrantes— a una muy generalizada e ignorante visión sobre nuestras múltiples identidades. ¡Somos más que nopales! sentencia Fulgencio, bajo la óptica de un verdadero artista que se ha trazado un camino en el arte, por amor al arte.

“El objetivo del arte no es representar la apariencia externa de las cosas, sino su significado interior”

                                                                                                                                   — Aristóteles

Por ello, la teatralidad en la composición de las obras de Fulgencio no es cosa del azar. Su intención es clara y refleja la ironía de nuestros tiempos, la ambigüedad de una sociedad confundida en sus metas y enfrentada en sus propios intereses. Pero el trazo de Lazo viaja incluso más lejos; nos comparte un camino, una sueño, una esperanza, todo a través de su propio sentido de convivencia. Hay opciones —nos dice— existen otros métodos, otras formas de entendernos como cohabitantes de un planeta que no nos pertenece. La necedad del hombre moderno interfiere con la concepción humanística del mundo, si, pero si permitimos que el arte nos represente y nos eduque, si dejamos permear la sensibilidad artística en nuestra intención motora de existencia, entonces habremos ganado algo, o por lo menos, avanzado como sociedad y destino. De ahí que las culturas sean la base fundamental en nuestro quehacer artístico, más allá de un conjunto de normas y reglas de convivencia, la cosmovisión de los pueblos se compone de arte en sus más puras representaciones. Son los cantos y los sones, los bordados, las artesanías, las ferias y su entramado popular de historias convergiendo en un mismo espacio comunitario, el crisol de experiencias que resguarda el primigenio impulso de las artes como tal. Se convida el frijol y la tortilla, se comparte el trabajo, la siembra y la cosecha, se traspasa el conocimiento de padres a hijos y de ancianos a jóvenes, generación tras generación evolucionan las costumbres, el color se fundamenta, movimientos corporales se integran al balance de los instrumentos musicales, la creatividad surge espontánea, prodigiosa y un par de manos intenta recrear todo lo que sucede alrededor, lo que siente y le inspira… ¡un artista ha nacido!

Un niño persigue una cometa en la sierra alta de Oaxaca, y observa el cielo —cual inmenso lienzo— teñirse de un rosáceo luminoso, sabe que Doña María lo espera en casa y corre en competencia con sus hermanos y la tarde a cuestas. La calle luce los colores de la mixteca donde las mujeres no reparan en añeja sabiduría para sus trajes y los ancianos cuentan cuentos a través de sus manos tejedoras; morados los sonidos, verdes los olores, nuestro niño ve y siente colores allá donde va, los atrapa como a las mariposas en su mente de pequeño artista y juega con ellos en su imaginación despierto. Entonces voltea ¡oh, sorpresa! y a lo lejos ve cruzar pintorescos personajes sobre bestias de cuatro patas, nuestro pequeño sonríe contento… el circo ha llegado a la ciudad.

Canción tropical

Palmas sobre las palmas, verdes sobre los verdes,

pájaro de cantos y hechizos, la maleza que oculta espectros

bajo los dientes filosos de sus ramas,

un sol que nunca penetra, lunas de sombra inagotable

ocultando un mundo bajo las hojas secas,

mundos sobre los árboles,

mundos sobre sub-mundos, verdes los tropicales

cosmos de criaturas hambrientas, heridas abiertas

de perversa naturaleza alimentándose sin piedad.

 

Tristeza sobre la tristeza anuncian en sus cantos las aves

verdes de tropicales nostalgias y verde sobre verdes plumajes,

aquí nada se explica y nada se ama y rabiosa se alimenta la existencia

sin esperar nada, temiéndolo todo, niebla constante y etérea

cual delirio de embriagante realidad.

 

¿Escuchas las criaturas cazar, huir, respirar… temer?

¿Sientes la resina de los arboles arder?

¿No vez acaso, ciego de ti, ignorante de tu instinto, de tus prístinos sentidos, curiosos ojos levitar sobre el oscuro follaje, escudriñando el misterio de tu especie para luego decidir fatal tu destino? 

 

Muerte sobre la muerte, la ignota penumbra bajo las palmas

habitante de todo, dueña de cosmos, cobija de la única esperanza,

amarga verdad, dulce mentira, la muerte caliente y húmeda suspira

en cada piedra, en cada helecho, en cada cause bestial de ríos

y golpe de tormenta, la madre resignada que asesina y furiosa

renueva el ciclo vital.

 

Verdes que cubren los trópicos, densa la neblina sobre las cumbres

verde se quiere, verde se llora, verde se lamenta, sombra sobre las sombras

salvaje se vive y se mata, salvaje se alimenta la araña, la serpiente y el caimán

salvajes cantan las aves y los monos, salvaje ruge el jaguar

salvaje la mantis devora la inocencia y salvaje el venado busca clemencia

salvajes los salvajes somos bajo esta noche tropical.

 

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Libertad

Mirar sobre el acantilado y anhelar la caída, el golpe fatal y fulminante, no temer el frío sobre la piel vulnerable ni la violencia del mar ni la ríspida roca, descarnarse con uñas y dientes los miedos aunque los sentimientos ardan y permitirse ser valiente en la tajante huida.

Esperar el azote del viento traspasando filoso esta carne ya muerta, donde solo habita un último deseo; tenue luz de una vela que se agota. ¿Si el colosal paisaje que entre llovizna de grises esconde cruel su horizonte inalcanzable? no temeré enfrentarme a su injusticia, no temeré pararme desafiante sobre esta orilla y mortal dejarme tragar por la vorágine… ¡Sacrificio! cordero de un Dios sordo, manco y mudo, te entrego en llamas este cuerpo envejecido.

Cubrirme quiero de la llamada libertad y coserme de ella una segunda piel.

Entonces…

Si me dejo caer venciendo resistencias ya sin el peso de mis huesos, sin esta piel que ya no siente, sin lo perverso de mi sombra, sin la vana liturgia de las almas; bozal de espíritus y carroña del tiempo, sin estas venas carentes de sangre; ríos desbordantes de mercurio y lodo, sin el hierro lacerante de mis cadenas ni la fractal composición de mis tormentos; si me dejo caer en pedazos sin la inútil carga de extranjeras utopías, de ambiciones ajenas; estrellas vacías de un firmamento extraterrenal e intocable que no se explica.

Si al final lo logro y me aferro a la ignota humanidad sobre este bestial instinto y muto en partículas de tierra y lluvia, si me libero de este cadáver putrefacto que ya no reconozco y que ya no me pertenece, solo entonces…

Muertos sean los miedos y muerte sobre muerte a mis fantasmas y muerte a la pesada vida anhelando la ligera muerte.

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Avenida Juárez | Efraín Huerta

Un poema de Efraín Huerta que nos deja sin aliento… maravillosa entrada de Buenos Aires Poetry.

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Tal y como el mismo Efraín Huerta le contó a Víctor Rodríguez Núñez en una entrevista¹, “En alguna ocasión, José Emilio Pacheco preguntó a los críticos si habían advertido que en 1956 se habían escrito tres poemas fundamentales: ‘Discurso por Cananea’ (Cananea es una región minera del norte de México, donde una huelga fue aplastada y señaló, como la huelga textil de Río Blanco, en Veracruz, el amanecer de la Revolución Mexicana), de Pellicer; ‘El cántaro roto’, de Paz, y ‘Avenida Juárez’ (…). Fíjate cómo son las cosas que, en su primera edición, apareció sin firma y unos lo atribuyeron a León Felipe y otros ¡a Hart Crane! Lo consideraron un admirable poema. Después, cuando se supo que era mío, ya no fue tan admirable. No tiene remedio: el subdesarrollo nos golpea. Pero bueno, creo que lo poco que he hecho no se ubica en ninguna parte. Es una…

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El tercer piso

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¡Rico, poderoso y hacendado! eso decía yo que seria después de los treintas, que aprendería a tocar el piano como Chopin jamas soñó, que hablaría cinco idiomas, dos dialectos ¿y por qué no? una lengua muerta como el latín, una licenciatura (en universidad privada “of course”), una maestría en el extranjero y estudiando un doctorado. Y muy rico —¿lo mencione antes?—; cuando se es adolescente el tema monetario es prioritario, como lo es la acumulación misma en sus más superficiales variantes; viajes a los cinco continentes, un curso de fotografía, diseño o cualquier arte superfluo —pero “cool“— en Nueva York, ropa innecesariamente cara como símbolo del adquirido estatus, por lo menos una experiencia empresarial y otra más “espiritual” como seis meses en la India. Aún recuerdo en mis dieciocho primaveras soñar con vivir en cualquiera de los pisos más altos de las recién estrenadas torres Bay View Grand en mi natal Cancún. A mis veintiuno renové mi sueño por un discreto piso ocho en Residencial Las Olas, dos veces mas caro y con mejor vista (ni se preocupen que el dinero en los sueños sobra). Los sueños lucidos son como la cafeína, adictivos y a veces pareciera que los pudieras tocar/saborear. Ya para mis veintitrés el sueño se había tornado pesadilla y la vida, los astros, el cosmos, las estrellas y todo el conspirante universo me dejaron saber que ¡sorpresa! los sueños distan mucho de la realidad, que para llegar a ellos hay que escalar continuamente sobre cumbres con pendientes movedizas y sin garantía de éxito.

Hoy, postrado sobre este pedestal algo agrietado y descolorido, pero sólido —quiero pensar— al que llamo “tercer piso” (¡mis treintas, pues!) no puedo dejar de preguntarme ¿en verdad era tan estúpido? ¿en qué estaba pensando? Bueno, tampoco es para tanto, si entendemos que las aspiraciones son parte fundamental de nuestra evolución personal. Nos hablan directamente de lo que somos, porque en lo que muchas veces aspiramos se esconden también nuestros complejos, miedos, prejuicios e inseguridades. Entonces llega el día en que un ente iluminado y divino —en forma de espumoso expreso, quizás— pareciera trastocar nuestro juicio y nos detenemos, de repente, a preguntarnos los motivos de nuestras aspiraciones y si estas corresponden a nuestra realidad, nuestros alcances y más importante… nuestras pasiones.

¿Cuál es el motivo de la vida? ¡vale! si todos los filósofos europeos de los Siglos XIX y XX no dieron con la respuesta, es un hecho que yo tampoco lo haré: concentrémonos pues en los detalles… ¿Qué nos motiva, apasiona? esa pregunta está más fácil —bueno, no tanto— pero resulta interesante que a partir de ella podemos deshilvanar poco a poco nuestros reales intereses. En mi caso, mis intereses partían de una imagen mental y ficticia colgada en alguna pared donde se podrían ver todos mis éxitos desde la expresión de mi rostro y postura de mi cuerpo sentado sobre un elegante sillón en forma de trono. Es una idea fantasiosa de lo que —en extrema ironía— resulta también una fantasía. Pero por qué a una fantasía le daríamos tanto poder sobre nuestra vida y las acciones que realizamos, aun cuando nuestra realidad pueda contrastar de forma chocante, abismal. De donde surgiría la motivación/aspiración por ser/obtener lo que  desconocemos. Volviendo a mi caso, me resulta curioso como hechos que yo consideraba poco importantes son imprescindibles como piezas de un rompecabezas en construcción. La eterna búsqueda de éxito de mi padre parece engranar perfectamente, su suicidio también. La muñeca con la que nunca pude jugar en público de niño, la ocasión en que no pude terminar mi discurso en el concurso de oratoria y frente a todos, terminar abruptamente pidiendo “perdón”. Incluso hechos recientes como “un grupo de americanos riéndose de mi acento” pueden dejar marcas de notable influencia en nuestras conciencias, dirigir nuestras aspiraciones y con ello, nuestras acciones. De ahí que reconozca como fundamental el examen constante de nuestros sueños, un examen a menudo frustrante —del que todos huimos— pero necesario en nuestra etapa adulta y ¿madura? Solo así he logrado encontrar la forma de transformar mis intereses, ciertas conductas y la manera en como me relaciono con mi entorno. De repente las marcas de ropa resultan frivolidades, los motivos de los viajes cambian, te olvidas de buscar amistades con apariencia perfecta, después te olvidas de ser tu la persona “perfecta” que todo mundo “quieres” que quiera, la autocrítica como método valorativo se impone necesario, la ansiada fama pasa a ser la menor de tus preocupaciones y con ello, también la necesidad constante de agradar al prójimo. ¿Y la pasión? la pasión por todo aquello por lo que estás dispuesto a entregarte se vuelven el centro de todo. Más allá de los logros, es el minucioso y gratificante proceso de creación lo que alimenta nuestro nuevo “yo”.

Del lujoso apartamento en Cancún, nada. No digo que no lo quiera, pero ya no lo necesito, tampoco reafirmar mi estatus más allá de lo que es realmente importante reafirmar, mi libertad. De las experiencias ni hablamos, son como perlas y las atesoro invaluables en mi memoria, buenas, malas, dolorosas, placenteras, humillantes, no importa; todas dan, todas generan y de todas se aprende. Al final, del repaso de nuestros  inverosímiles sueños desde la infancia hasta nuestra edad adulta podemos escribir una tragicomedia, aunque también puede darnos sorpresas y como en mi caso, la aspiración olvidada de un niño que quería ser escritor regresa como una de las más importantes e irónica de las lecciones.

Lo mejor no está por venir después de los “treintas” ni los treintas son los nuevos “veintes”, ¿en verdad nos hacen falta tales frases huecas para enfrentar nuestra edad? la realidad es otra y suele ser, según mi caso y el de muchos de mi entorno, una etapa de constante aprendizaje, lo cual no implica necesariamente “felicidad”. Y que decir de nuestro miedo patológico a la inevitable acumulación de los años, como si envejecer no implicase también el aumento de la perspectiva, nuestro acervo de memorias, el cultivo de largas amistades, de amores, la plenitud que solo otorga la sabiduría adquirida de forma empírica, etc. Pero en una sociedad cada vez más infantilizada aunada a nuestro pos-modernista culto a la idiotez, parecieran generar cambios en el subconsciente y revertir nuestro deseo infantil de crecer, madurar… de ser grande. Y es que ahora que lo pienso, la forma en que nos imaginamos a futuro suele parecerse a una selfie en movimiento, siempre sonrientes y con el fondo perfecto. Pero resulta que ni caminaremos sobre esa playa eternamente con el viento revolviéndonos el pelo agarrados de la mano de ese alguien único y especial, ni —si hipotéticamente esa imagen se diera— duraría lo suficiente para ejemplificar nuestro futuro. Por otro lado, es un hecho que nuestro proceso de aprendizaje cognitivo valora más las experiencias dolorosas o inesperadas de las cuales extraemos valiosas lecciones importantes para nuestra supervivencia, que aquellas vivencias ideales que solo generaron un placer espontáneo. Pero tampoco es que yo sea psicólogo, apenas un escritor amateur muy atrevido, no me hagan mucho caso.

Ahora bien, a mis actuales treinta y cuatro años puedo decir estar listo para el resto… ¡ha – ha! o por lo menos para ya no perder tanto el tiempo pensando en el futuro, me resulta inútil y frustrante. Pero ese es mi caso, siempre he sido una persona cambiante y poco asiduo a la rutina, me resultaría casi imposible planear mi vida a largo plazo. Lo que si es que el presente al que solía temerle (mucho) se ha transformado en mi etapa favorita, ahí sí que está el jugo, piénsenlo: nada como sentir que puedes cambiar tu camino a placer, cada experiencia se magnifica, cada antojo se prioriza, cada esfuerzo sabe a logro, cada caída se supera más rápido, las culpa o el arrepentimiento perduran menos tiempo y el conocimiento de las cosas se absorbe con mayor intensidad. En fin, cada intento puede ser el último ¡es ahora o nunca! Vale, tampoco quiero que suene a comercial, y no imagino la risa de mis veteranos lectores tratando de dilucidar la maraña de imberbes conceptos aquí escritos, o tal vez alguno que otro se identifique, tal vez. Pero bueno, basta ya de tanta parafernalia pretenciosa que tampoco es mi idea convencer a nadie de que a mis treintas se me ha sido revelado “el secreto”, que he encontrado el “hilo negro”, o que he tocado el “nirvana”, nada más alejado de la realidad. Solo creo interesante señalar lo importante de escudriñar nuestros deseos, abrir esa Caja de Pandora de vez en cuando y permitir salir los demonios que ahí subsisten. Es impresionante lo que uno se encuentra y lo mucho que ayuda dicha desempolvada. Enfrentarse a uno mismo… la catarsis obligada ¿no creen?

Hasta aquí esta columna y…

#GreetingsFromSeattle

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Ciudad de Todos – La Raza del Noreste

Les presento Ciudad de Todos, un nuevo proyecto de columna en el cual colaboraré de forma mensual a través del periódico local La Raza del Noreste. Un reto compartido con mi compañera Perla Mendoza y en el que buscaremos contar aquellas historias interesantes de la ciudad que habitamos, sufrimos, amamos y transitamos día con día, llamada Seattle. Desde aquí un agradecimiento al director del periódico Alvaro Guillen por todo su apoyo en esta nueva etapa y que esperamos sea de los más fructífera.

Les anexo el enlace de nuestro primer artículo como presentación y los invitamos a seguirnos leyendo a través de La Raza del Noreste cada quince días.

http://www.larazanw.com/noticias/ciudad-de-todos/

 

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