La pila de agua

En el penumbroso traspatio, después de lavar la ropa esa noche de verano a las 3 de la mañana, el mezcal, la mujer y la luna, en encuentro improvisado, tienen como testigo a la enorme higuera que da sombra al lavadero y a la refrescante y pintada de azul pila de agua. En una mano con el abanico abierto soplando directo al pecho, ya con el agua entallando su cintura en la pila, con sudor que pone brillo a la fantasiosa cara, el refajo que la viste al remojarse trasluce las historias que su ensanchado cuerpo guarda. Mira hacia arriba a buscar la luna, al encontrar su luz celeste le dice, “‘eres bella igual que vieja”. Se desata el pelo y sonríe y la punta de su barba pone en alto, el cuello para atrás estira y su larga cabellera flota en la orilla de la pila. Con la botella de mezcal en la otra mano voltea de reojo a un lado, se le antojan los morados frutos de la higuera pero no puede alcanzarlos sin salirse de la frescura del agua.

Esta noche como nunca se propuso recordar a los hombres que ha amado. Suelta el abanico y le sorbe a la botella, vierte los restos del mezcal en el agua, brinda sus calores y el insomnio de señora, bebe por los amores que fueron y por aquel que le dijo que no, suspira. Esa noche de verano a las 3 de la mañana nada cambiaría ella por esa inquietud en su alma y se sumerge completa, en la pila se revuelve el mezcal, el sudor y el agua, esa poción iluminada por un buen rayo de luna y en esa precisa hora se convierte en mágica, resurge aún más brillosa y le agrandan las ganas no solo por los dulces frutos, sino porque aquel que le dijo que no, saliera de entre la higuera, le trajera a probar los higos y la acompañara a bañarse ahí, en lo azul de la pila de agua.

Escrito por… Amparo Amezquita

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Mis raíces…

Crecen
 lentamente y lentamente se expanden,
 infinitas

y tímidas se alimentan pero no cesan, lo devoran todo y todo nunca es suficiente, quieren más.

Por mi boca fluyen sonoras,  lo cambian todo cual prosa dorada de letras que destellan, pero nunca las escuches de mas… huye! escóndete! ellas mienten, un mundo sin estructura no puede ser real.

 Por mis pies rompen el concreto dejando huellas humeantes e hirvientes. Por mi sangre negra y estrellada, como la noche, caminan espesos los mitos de mi existencia, escritos en tinta cósmica, mis leyendas. Y por mis ojos, mueren intoxicadas de nostalgia, ahogadas de tanta realidad.
  Pero luego…
 cual combustión espontánea,
 mis manos las reviven en su tacto bullente y por mi sexo liquidas brotan ardientes y mi piel se embriaga de su sal.
 Crecen, lentamente, siguen creciendo por dentro y por fuera, se expanden furiosas y furiosas me queman, se alejan de mi, lo beben todo, todo, sedientas y gordas, redondas regresan.
 Me queman, lentamente, me queman,
 enmarañadas a mi cuerpo me penetran, mis raíces
por dentro y por fuera en una
 llama mortal.
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La mujer y el arte…

El arte, dicen por ahí, no tiene género… se alimenta insaciable de todo aquel que ose invocarle entre su fulgurante locura y diáfana elocuencia, devorándose en trozos la cordura cual ave de rapiña e invadiendo venenoso todo nuestro sistema para al final, ya instalado en nuestras venas, dirigirnos somnolientos en un viaje sueño/realidad sin retorno, retocado con acuarelas de estrambóticos colores, melódicas sonatas, bailes escarlatas, nerudianos versos de amor y desesperanza y en un suspiro, impávidos, como una hoja desprendida de la rama seca, precipitarnos a la muerte transformados en poco más y en nada menos que… artistas.

Así, al arte lo percibo como un ente infeccioso, sin prejuicios, que no discrimina y solo se introduce, se alimenta, se incuba para brotar luminoso de nuestras manos, de nuestros pies, de nuestra voz, de nuestra humana naturaleza surrealista y contrastante, nostálgica, amorosa, inestable, peligrosa, por momentos alegre, por momentos suicida, pero siempre llena de vida y al mismo tiempo, mortal.

En ese mismo sentido, en esa visión sin etiquetas, la mujer es más que una musa, es… la creadora perfecta.

La artesana, curadora, mecenas, experta, la adicta, asesora, protectora de todo a lo que el arte y sus menesteres convenga, la mujer se fusiona líquida con el placer de saberse artista, por que al igual que a los hombres, el arte su conciencia dicta.

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Identidad Mexicana…

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La mexicanidad se construye a partir de la enorme cultura que nos precede, que nos respalda y nos cobija. Se transforma a partir del arte que brota de nuestras manos para convertirse en bordado, en aroma de incienso, en sabor a chocolate, en tortilla, en música de guitarra, de marimba, en voz de tenor, en los colores de nuestras casas, de nuestros cuadros, en madera tallada, en mística talavera, en poesía descontrolada, en novela histórica, en leyendas de lloronas, naguales y aluxes. La mexicanidad evoluciona a partir de nuestra cosmovisión ancestral para mezclarse con nuestra europea religiosidad, se enraiza como árbol del tule en nuestras venas y se expande cual migrante por el mundo en forma de mole, para encantar con su sabor a los hambrientos de pasión y arte.

Somos, los Mexicanos del mundo…

El resultado de la historia contada en lenguas indígenas pero escrita en letras castellanas, de la fusión violenta a sangre y fuego de los reinos divinos con sus divinos monarcas, somos hijos de la conquista, la independencia, la revolución, la amalgama inefable y mística de tradiciones, etnias, lenguas y costumbres, somos folclor, gastronomía, la danza milenaria del venado, mestizaje ancestral, festejos de vida y muerte.

No podemos olvidar la raíz que nos ata a nuestra tierra, ni la batalla constante en la búsqueda perpetua de igualdad, la que nunca hemos tenido pero nos impulsa a acariciarla, somos el sueño imparable de libertad, un grito ahogado de justicia, que a pie de lucha, nos vuelve guerreros. Somos la mexicanidad encarnada en tiempos de globalización, el presente inmediato de una nación lastimada y herida en su propia identidad, dignifiquemos hoy mas que nunca lo que representamos, lo que fuimos, lo que buscamos ser y construyamos piedra a piedra sobre la base de nuestra cultura universal… el México del futuro.

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Fruto de la noche…

Soy fruto de la noche por que en ella nací,
y en ella, en un abrazo de nocturno viento moriré.
Soy colibrí de los densos montes y nublados atardeceres
soy serpiente viajera de los caminos empedrados y tierras lodosas
soy helecho que nace del moribundo tronco milenario
no soy ruido, solo el susurro
no soy el agua, soy la corriente
niebla de la mañana
crujir de hoja seca.

Soy el brujo de los cuentos de mar que no terminan,
por que las olas no cesan
las hojas siempre caen
y las estrellas, siempre brillan.

La tierra… reconoce mis huellas
por que piso fuerte en mi andar,
escuchas mis pasos?
soy ese venado que no puedes ver
frondosas las ramas
celosos los árboles
me esconden.

Pero no me oculto del sol
ni me guardo del frío
por que esta piel de cocodrilo
me protege
me transforma
me alimenta
me acaricia.

Soy el noble espíritu del manatí
la pluma que cae al vuelo de la gaviota
no soy la palma, soy la raíz
no soy cuerpo, solo vida
el búho que no duerme
soy… fruto de la noche.

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Los gatos…

Se buscan
los gatos
e impacientes
se encuentran
entrelazan sus colas
peludas, inquietas
se acurrucan
se lamen
y nostálgicos de recuerdos
de amores
e historias
ronronean.

Dormitan entre sueños
de estambres dorados
y realidades adversas
y excitados
se embriagan
de la noche etérea
los callejones los llaman
y curiosos husmean
saltan entre muros
persiguen las estrellas
pero nunca las alcanzan
son tan altas
eternas
que los gatos al verlas
centelleantes
no parpadean.

Maúllan,
los gatos
lloran de tristeza
les duelen sus patas
de caminar sobre piedras
vidrios y sueños
pero ellos no cesan
siguen, sólo siguen
nocturnos caminantes
observan y observan
si las estrellas altas
siguen brillando
ellos, brillarán con ellas.

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El nacimiento de la mujer centella.

A mi madre…

Nadie sabe el día en que nació, pero ella -pequeña sílfide-, años más tarde con voz de trueno sentenció su nacimiento un nueve de enero y a partir de ahí, cual bruja del viento se reinventó a sí misma y definió su futuro a voluntad de diosa.

Nació en la ciudad de México remembran los viejos, pero nada es seguro en su historia. Entre lagrimas contaba mi abuelo, sí!… el viejo trovador con alma de escritor y espíritu de chamán que la llevó entre sus brazos, frágil, moribunda, de rodillas a la basílica para que la santa madre, virgen de las vírgenes la salvara. Ella nunca supo quien fue su madre, una gitana hechicera tal vez o una sirena del mediterráneo perdida en costas mexicanas, del vientre de la Malinche apasionada, quizás de un árbol de ceiba maya o del grito fulminante de la guerrera cubana de sangre orisha africana.

La llamaron María hija de los vientos del sur y Guadalupe de las flores tehuanas, la vistieron ropajes de indígena sabiduría y listones de orgulloso rojo trenzaron sus rubios cabellos. Creció entre canastas de tortillas y especias de aromas inefables, entre velas, traviesos chanekes, historias de toninas y trabajos de madrugada. Fue adoptada por las clemencias del istmo de tehuantepec y así, largas naguas de añeja tradición la protegieron primorosa, sus sueños de epifanía se bordaron en multicolores trajes de paisana y sus ojos, ¡ah! sus ojos de mujer serpiente la eternizaron seductora, pero ella era inocente, como los colibríes, como las rosas.

Así nació María, mi madre, Guadalupe de los mares del golfo y las aguas de río lodosas, que a la sombra del cerro de San Martín tejió su destino con hilos de oro en prosa, así nació la mujer centella, de la nariz respingada y mirada quieta, la mujer poderosa, la bendecida, árbol de tronco milenario mi madre, mujer divina, mujer bruja, mujer serpiente, mujer guerrera.

………

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Bordado del Istmo de Tehuantepec