Me encanto!

Por Perla Mendoza Veo como la toalla se resbala hasta caer junto a mis pies. Me miro al espejo; ese silencio largo que me acompaña todas las mañanas al verme reflejado. 545 palabras más

a través de Un café a tu lado — Seattle Escribe

Un cuento increible… ¡Disfruten!

Por María de Lourdes Victoria La señora Joan está dispuesta a tolerar que Aurora siempre llegue tarde, que no sea capaz de sacudir el polvo que empastela las repisas, que no doble las orillas de las sábanas al tender las camas y que, ni por error, levante la alfombra para trapear el bendito piso de…

a través de BLUSA BLANCA — Seattle Escribe

Una carta que ha trascendido a través del tiempo y nos invita a la reflexión.

En 1854, Franklin Pierce, “el Gran Jefe de Washington”, hizo una oferta por una gran extensión de tierras indias, prometiendo crear una “reserva” para el pueblo indígena. La respuesta del Jefe Seattle, publicada según una versión que se atribuye al guionista americano Ted Perry, más allá de su extraordinaria belleza, se ha convertido…

a través de Carta del Jefe Seattle — Seattle Escribe

La mujer que habita…

Le canto a la niña que duerme
entre mis cejas,
y entre sueños de utópicas ciudades
y miedos infernales
se desvela.
A la mujer antorcha
de mis ojos centelleantes,
a esa que risueña juega
en mis cabellos galopantes,
la de mis brazos,
la de mis piernas,
la que teje hipiles de oro y plata
con mis venas.

A la poetiza loca
que baila entre mis manos,
a la guerrera descalza
que dirige mis pasos,
la que nace cuando río,
la que muere entre mis llantos,
la que corriendo escapa
entre mis gritos
desesperados.

Soy mujer de lienzo,
mujer de piedra,
mujer de mística filosofía
y etérea,
mujer loca!
perversa!
desquiciada!
la errante caminante
entre letras desenfrenadas,
silueta de los ritos oscuros,
iluminada.

Le canto a la mujer que habita
en mi piel,
en mis labios,
el suspiro que brota fulminante
en cada orgasmo,
la mujer erótica, desnuda
escondida entre mis sexos,
y difuminada en cada húmedo beso,
se vuelve verso.

El fuego no la quema,
la luna la idolatra,
le canto a la mujer que en mis adentros,
encarnada
en un eterno verso de amor,
danza, danza y danza,
apasionada.

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