Por fin

 

Subo.

Voy saliendo a pulmón

de las profundidades del mar negro.

Me desprendo tentáculos y algas.

Poco de luz se filtra,

voy saliendo.

Primero la cabeza

las dos manos abiertas,

los brazos

medio cuerpo,

respiro a bocanadas

semiahogada,

macerada la piel

y el alma macerada.

Penosamente salgo, por fin.

 

 Ya no te amo.

 

Escrito por la poeta argentina; Inés Barrio

 

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At Last

 

I rise.

I come up fighting

from the depths of the black sea.

I peel off tentacles and algae.

A little light filters through,

I am coming up.

First my head

both of my hands, open,

my arms

my torso,

I gulp mouthfuls of air

half drowned,

my skin waterlogged

and my soul waterlogged.

With great effort I come out, at last.

 

I do not love you anymore.

 

-Inés Barrio, translated by Marie Garcia. 

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Poema de noche

El aire está vivo y húmedo

con la sugerencia de una lluvia reciente.

Las luces centelleantes iluminan pequeñas piscinas en la rota acera

y mis pisadas las perturban,

haciendo titilar sus desmenuzadas reflexiones.

Aspiro los olores de ozono,

carne frita,

perfumes y licores,

mezcladas en un jardín embriagante.

 

Me siento alta y fuerte, extasiada.

 

Músicas diversas, urgentes y pesadas, gritan de varias ventanas, discutiendo entre sí,

dando a luz a nuevas palpitaciones en el cuerpo,

haciendo sacudir los huesos con sus vibraciones.

Tres nalgonas se impacientan en una esquina,

perdiendo control de sus galopantes caderas, 

casi muriéndose por cruzar la calle 

y entrar en la boca de donde sale la llamada de apareamiento irresistible. 

Me cuesta no seguirlas

y entregarme al ruido de la noche vernal.

 

Tengo antojo de una retrocesión del tiempo…

De perderme entre los locos y los borrachos, quienes normalmente me asustan.

De esconderme en las sombras y quemarme contra el cuerpo de otro.

Me rebosa una nostalgia dulce y no quiero que nadie me rescate de ella. 

 

Heme aquí, media vieja e invisible en esta calle viva, 

olvidándome en el baile frenético de la juventud desatada.

Escrito por… Marie Garcia
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Manila bárbara

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¡Que relato!

 

Oveja negra

La ciudad de Manila no tiene apellido porque es hija bastarda de malayos hinduístas, de los musulmanes que fundaron el sultanato de Sulú, de los chinos y japoneses que comerciaban con sus pobladores, y del poseedor de la fiebre fundacional católica española, el vasco Miguel López de Legazpi.

Manyla como la llaman los tagalos, no tiene apellido, pero para mi experiencia si tiene un adjetivo: bárbara.
Por primera vez fuera de occidente a mi vida en Manila puedo calificarla de extrema, temeraria, cruel, contradictoriamente grosera y sofisticada, brutal y genial.
Bárbara.
Allí a golpes de hacha dimos forma a nuestra manera de seguir viviendo… juntos.
Perdón pero casi se me escapa decir “en pareja”, pero esa relación recién nacida y basada en las jerarquías, se consolidó en Manila con la rigurosidad que un Amo impone a su esclavo.

Extranjeros anónimos y perdidos en la masa de más veinte millones de…

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Querer Morir / La Adicta – de Anne Sexton

Entrada desde https://buenosairespoetry.com/

Bellisimo!

LOS POETAS CONFESIONALES EXPLORARON EXPERIENCIAS PSÍQUICAS Y FÍSICAS -LOCURA, SUICIDIO, INCESTO, ODIO, DROGAS, MASTURBACIÓN, MENSTRUACIÓN- REPRIMIDAS POR EL DECORO POÉTICO REINANTE. ANNE SEXTON (1928, NEWTON – 1974, WESTON) EN PARTICULAR TRATÓ EL CUERPO FÍSICO FEMENINO Y SUS FUNCIONES CON UNA FRANQUEZA SORPRENDENTEMENTE NUEVA.

Querer morir

Ya que preguntas, la mayoría de los días no puedo recordar.
Camino en mis vestidos, sin marcas del viaje.
Luegoel casi innombrable deseo regresa.

Aún así no tengo nada contra la vida.
Conozco bien las briznas de hierba que mencionas,
los muebles que has puesto bajo el sol.

Pero los suicidas tienen un lenguaje especial.
Como los carpinteros quieren saber con qué herramientas.
Nunca preguntan por qué construir.

Dos veces me he declarado con simpleza,
he poseído al enemigo, me he comido al enemigo,
me he apropiado de su arte, de su magia.

De esta forma, pesada y pensativa,
más…

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Los tres nudos

La viga trabada del tejaban sería la que sostendría el jalón. Limpió con periódicos del piso de cemento el reguero de agua que le escurrió por las piernas, y que era también el inconfundible aviso de que la hora había llegado. Se desvistió y sólo dejo resbalar su reboso desde la cabeza a la cintura, el cual uso para hacer un nudo ciego y apretado por el frente de su embarazado abdomen, ahí a bajito de sus pechos. Antes de que los dolores le restaran fuerzas lanzo por encima de la viga una punta del largo retaso de manta que desde hacia tiempo tenia preparado para ese propósito, y de nuevo con un nudo ciego amarro las dos puntas de la blanca tela y formo un columpio, lo probo poniendo este nudo en su espalda y haciendo horquillas con sus axilas de manera que la altura al colgarse y columpiarse la dejara sentarse en cuclillas y así resistió el primer dolor, uno de esos fuertes, se colgó, enredo dos veces sus antebrazos en la manta y pujo tan fuerte que el nudo del rebozo en su abdomen se aflojo, la fuerza de gravedad y el tirón lo acomodaron. Tan pronto como se recupero de este dolor se apresuro a colocar cobijas, periódicos y mas mantas limpias debajo de aquel columpio. Ya no podía caminar solo esperaba que la mandadera, una niña 6 años hubiera llegado rápido y encontrado a la partera del lugar, para que ella se encargara del agua caliente y las tijeras. Sentir un dolor y respirar entre una cosa y la otra lo único que se sentía confortable era el estar colgada de aquel columpio.

Durante todo este transe de estar entre la vida y la muerte y sola en aquella casita, solo Pensaba en su patrona una señora Alemana y que era muy buena con ella y su dos hijas rubias y muy bonitas, y pensaba también en el esposo de esta que siempre le daba miradas frías casi como ignorando su presencia cuando por algún motivo se topaba con el al limpiar esa mansión donde trabajaba, esa mirada de ojos verdes como lagos la hacia divagar entre dolor y dolor. Su manos morenas retorcieron la manta hasta casi quedar blancas por cortar la circulación, gritó con toda su alma y el sonido de algo descuajaringado cayendo en blandito la callo. Por fin dejo de jalar el columpio y se descolgó de el, se recostó en las cobijas y recogió al recién nacido, limpió su carita con las manos y lo hizo respirar, y por tercera ocasión amarro un nudo ciego en el cordón de union. El agotamiento y el tratar de recuperar la respiración la pusieron a dormir. La despertó el llanto del niñito, se incorporo y le ofreció el pecho, y lo envolvió con las mantas. La imagen aquella era contradicción pura entre fortaleza y fragilidad.Tal hizo que la partera al llegar se apresurara a limpiar sus partes y asegurarse de que todo lo que debería estar afuera estuviera. Sin mucho que hablar le dijo “criatura lo hiciste tu solita”.

Corto el cordón, la limpio, le trenzo el pelo y ya fajada y tratadas sus partes con ungüentos, desinflamantes y selladores la madre rompió el silencio y le dijo a la comadrona, “nació con los ojos abiertos, y son verdes zarcos como los de aquel” y la vieja mujer con las manos atareadas y el delantal sucio le dijo “la criatura esta muy sana y alerta ya lo vi, si no quieres perder tu trabajo le voy avisar a tu patrona que el infante nació muerto y asunto terminado o que crees que harán cuando se den cuenta de que el hijo barón de Don Hans nació solito y de ti. <<< Te Lo Quitan Mija >> Doña Yolanda ya no le puede dar otro hijo.

Escrito por…  Amparo Amezquita

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No

Estoy comiendo una paleta sabor a melón fabricada en corea. Los rayos del sol devoran mi piel. Mis pies están sobre la madera. Con el cabello me cubro medio rostro y las sombras de mi puño cubren las líneas que ahora escribo. El mundo, el mió, se ha venido cayendo a pedazos desde aquella noche del 31 de diciembre de 2011. En ese viaje a Vegas descubrí que no podía confiar más en mi amiga universitaria de toda la carrera! La feroz y vorazmente inteligente Anja. Ha estado en más de 25 países y es muy leal. Empezando por sus propias elucubraciones metódicas. Una de sus frases favoritas (dichas en tono de superioridad como suele decir todo) es: “puedes sacar a la muchacha del pueblo pero no el pueblo de la muchacha”. Me parece increíble que aun no haya internalizado el discurso de los derechos humanos como algunas de las señoras de Polanco.  Ahí les dejo el primer pedazo!   

      En el camino de regreso hacia nuestro hotel, después de ver los fireworks del New Years Eve conocí a un chico muy especial, que luego fue mi novio, él diría date. Una combinación de irlandés y mexicano que me paseó en limosina mientras trataba de comprarme unas flores a las 6 de la mañana! El mismo que me regaló uno de los veranos más infernales y depresivos de mi vida, mientras lo extrañaba hasta exprimir mis sábanas con las manos, en mis mañanas frías de 80 grados. Lo supe hasta muy tarde, pero las drogas sólo me lo habían prestado por unos meses, ellas no lo iban a dejar ir y francamente, me tardé en rendirme y aceptar que era una lucha perdida. Allí estuve suspendida sin saber qué hacer ¿Por qué nuestra cultura latina es tan indecisa? Si como dice Gabriel Zaid: “Los romanos eran muy ejecutivos, y se burlaban de los indecisos”. Ahí les dejo este otro pedacito!

Luego, en la empresa donde trabajaba, entendí como funciona el sistema de impuestos con el IRS. Las personas indocumentadas pagan impuestos pero no tienen todos los derechos económicos que tiene una persona con ciudadanía americana, especialmente si no están bajo el NAFTA o sea, si no son mexicanos o canadienses. Desde mi punto de vista, aquí está el punto fino del razonamiento respecto a la reforma migratoria. Me reí de rabia cuando leí un artículo sobre el muro fronterizo porque si ellos realmente quisieran un muro lo encontrarían muy fácilmente en las leyes laborales. Jorge Durand, antropólogo y codirector del Mexican/Latin American Migration Project ha apuntado: “En Estados Unidos no hay un sistema oficial de identificación, se utiliza la licencia de manejo. Y la tarjeta conocida como Social Security Number (SSN) es muy buena para recolectar impuestos, pero al mismo tiempo es un simple cartón que no tiene ningún sistema de seguridad. La razón para mantenerlo es muy simple: hay 11 millones de indocumentados que pagan impuestos y que no devengan derechos, “un negocio redondo”. Me desilusioné de uno de los sistemas democráticos más sólidos que yo había estudiado. Bueno, creo que cuando se trata de la migración muchos países caen en la tentación y se separan de lo que los ha caracterizado en su filosofía política. Mi corazón de politóloga sufrió, aquí está otro pedazo!

      Tomo un respiro, el aire juega con mi pelo, un poco de moscato ayuda, me relajo.

       Conocí al hombre mas guapo que había visto en meses…no! en años! Pensé que era brasileño o alguna combinación genética afortunada, latina por supuesto! Pero me dijo que lo único latino que él podía aspirar a tener, sería yo. En su interior es bastante caucásico aunque su exterior sea cafecito, por esa influencia camboyana de la madre. Ya lo sabía, ya lo había leído, pero por primera vez realmente conocí a un estadounidense bicultural y entendí mejor este país, la diversidad esta allí siempre a la vuelta de…la puerta. Al menos la ruptura de este pedazo no fue tan estruendosa!

 Con esa cara y ese corazón me dieron ganas de aventurarme al viaje que es el matrimonio. Nada de lo que pensé se ha cumplido, aunque confieso que durante mi corta vida pensé poco al respecto. Pero ah! Como he aprendido! Lo primero, que no soy la mujer de nadie, sino sólo una compañera. Después de tantos seminarios, conferencias y mi clase de feminismo legal con mi maestra vasca, nunca entendí nada hasta que mi esposo me lo dejó claro una noche, con una frase certera y bastante corta (como suelen ser las frases certeras). Este pedazo si tuvo una caída estrepitosa! Sabina Bergman tiene razón cuando dice que hemos sido muy conservadoras al utilizar el término feminismo. En una conferencia, Isabel allende dijo que para muchas mujeres occidentales decirles feministas puede ser considerado un insulto, incluso su hija  le dijo que  feminismo es un término viejo o incluso muerto. Pero ella sostuvo (y yo, la apoyo) que para la mayoría de mujeres no privilegiadas, el feminismo es un término urgente. Yo que he vivido en varios mundos, lo he visto, me ha costado  procesarlo y lo entendí de repente.

     Deje de seguir a las revistas especializadas con un lenguaje riguroso. Empecé a disfrutar el español, que es tan rico y  variado, con más relajación. Supe que mi mundo había cambiado para siempre. Para este punto, ya había sólo pequeños pedazos que podían caerse y hacerse trizas.

     Un día quise gritarle a mi mama, que está obsesionada con ciertas reglas y tradiciones que ya no son parte de mi vida, pero sólo le dije NO cordialmente.

 – Te quiero mucho mami, me tengo que ir- Sonreí y colgué el teléfono.

     ¿De los últimos pedazos? Ni hablar! No, ¿Qué más quieren?

Escrito por… Dalia Maxum

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La loca del tren

Un melodioso taconeo hizo eco en el pasillo. Zapatillas desgastadas color fuego anunciaban escandalosas su entrada al interior de la estación. Las medias de encaje carcomidas envolvían sus gruesos muslos y a lo largo del andén, las luces parecían alumbrar a la mujer como si desfilara sobre una pasarela de miserias humanas. Caminaba nerviosa, dubitativa, mirando con temor a todos lados y dejando grabadas huellas de celeridad en los fríos azulejos de la terminal, junto a muchas otras marcas imperceptibles, entre el ir y venir de los transeúntes. 

El enjambre de pelo sucio y desteñido escondía lo que en otros tiempos fuera la imagen inmaculada de una bella dama. Su rostro desprendía costras de olvido, revelando fatiga en su mirada. Sus labios resecos y quebrados habían olvidado el sabor del hilo carmesí que discreto iluminó un día su boca enamorada.

Caminó hasta el final del corredor, se acomodó en el suelo y fue formando un asiento con de cartones y ropa vieja. De unas de las bolsas saco un gorro sucio y humedecido y comenzó a hablar en voz alta e incomprensible. Sus palabras se perdieron entre el acelerado ritmo de los viajeros que con miradas despectivas pasaban de largo y la ignoraban. Con una de sus manos, saco inquieta un cigarrillo. El humo empezó a esfumarse detrás de su cabellera, buscando un lugar en lo más profundo de sus pensamientos para tratar de empañarlos.

– No se te ocurra decir una sola palabra porque te mueres, ¿entendiste?

¡En ese mismísimo instante, te mueres!

Las palabras se repetían una y otra vez en su cabeza, sonando como una cantaleta absurda que había estado taladrando lentamente la fragilidad de sus sentidos. Aspiro profundo y ahogando una bocanada en su garganta, sintió un sabor amargo y asqueroso que revolvió sus entrañas.

Se incorporó como pudo y arrastrándose hacia las vías del tren, vomitó. Sus ojos se desorbitaron y se quedaron mirando hacia un punto fijo y perdido entre los rieles. Permaneció ahí quieta, hipnotizada por los escombros de la mente.

– Puja más fuerte, ya casi lo tenemos, sigue pujando con fuerza.

– ¡Siento que me muero!, ¡quiero morder algo, lo que sea pa’ espantar el dolor!

– Tranquila, lo has logrado, ¡has traído al mundo a tu hijo, es un varón!

El alumbramiento terminó y la joven sintió correr ligeras gotas de sudor por su frente, sudor que se perdió y confundió con las lágrimas de gozo de una madre. La partera la limpió, preparó al niño y lo colocó en su regazo. La mujer cerró sus ojos y acarició a su pequeño; lo besó amorosa y ambos durmieron profundo. Suspirando entre sueños, pensó que por fin la felicidad había llegado a su hogar.

Un par de semanas después, el padre de su hijo apareció de repente, todito alcoholizado, envuelto en un ataque de cólera y celos injustificados. La golpeó hasta cansarse, le arrebató al chiquillo de sus brazos y se lo llevó. Cuando volvió, ya no traía al niño y sólo gritaba:

– No se te ocurra decir una sola palabra porque te mueres, ¿entendiste?

¡En ese mismísimo instante, te mueres!

El silbido del tren despertó a la mujer de su trance, de las crueles imágenes de los fantasmas del pasado. Regresó con paso lento y confuso a su rincón, al espacio que se había convertido en su nueva casa. Se sentó y acariciando el gorro que tenía entre sus manos comenzó a hablar en voz alta e incomprensible. Sus palabras se perdieron entre el acelerado ritmo de los viajeros que con miradas despectivas pasaban de largo y la ignoraban.

Escrito por… Adriana Bataille

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La pila de agua

En el penumbroso traspatio, después de lavar la ropa esa noche de verano a las 3 de la mañana, el mezcal, la mujer y la luna, en encuentro improvisado, tienen como testigo a la enorme higuera que da sombra al lavadero y a la refrescante y pintada de azul pila de agua. En una mano con el abanico abierto soplando directo al pecho, ya con el agua entallando su cintura en la pila, con sudor que pone brillo a la fantasiosa cara, el refajo que la viste al remojarse trasluce las historias que su ensanchado cuerpo guarda. Mira hacia arriba a buscar la luna, al encontrar su luz celeste le dice, “‘eres bella igual que vieja”. Se desata el pelo y sonríe y la punta de su barba pone en alto, el cuello para atrás estira y su larga cabellera flota en la orilla de la pila. Con la botella de mezcal en la otra mano voltea de reojo a un lado, se le antojan los morados frutos de la higuera pero no puede alcanzarlos sin salirse de la frescura del agua.

Esta noche como nunca se propuso recordar a los hombres que ha amado. Suelta el abanico y le sorbe a la botella, vierte los restos del mezcal en el agua, brinda sus calores y el insomnio de señora, bebe por los amores que fueron y por aquel que le dijo que no, suspira. Esa noche de verano a las 3 de la mañana nada cambiaría ella por esa inquietud en su alma y se sumerge completa, en la pila se revuelve el mezcal, el sudor y el agua, esa poción iluminada por un buen rayo de luna y en esa precisa hora se convierte en mágica, resurge aún más brillosa y le agrandan las ganas no solo por los dulces frutos, sino porque aquel que le dijo que no, saliera de entre la higuera, le trajera a probar los higos y la acompañara a bañarse ahí, en lo azul de la pila de agua.

Escrito por… Amparo Amezquita

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