Enmanuel R. Arjona


Nací en el país más surrealista; México, y dicen por ahí que las casualidades no existen. Mi ciudad —Cancún— es pequeña aunque grande en diversidad como toda ciudad turística de importancia. El mar ha sido y es, un recurrente en mi vida, un testigo de mi existencia y el cómplice perfecto y mudo de mis desvaríos. No tengo casa por que alguien como yo no puede tenerla, soy un nómada hijo de nómadas, gitanos y extranjeros de costumbres. “Soy… los ojos náufragos de mi padre y de mi madre, su frágil columna” como reza un poema de mi autoría. 

Escritor es lo que yo decía que quería ser de grande a quién me preguntaba; ya imaginarán la cara de mi madre con semejante respuesta. No recuerdo aún quién fue la primera de mis influencias narrativas, pero si recuerdo al niño rodeado de libros, cuentos y enciclopedias, fascinado con las ilustraciones y más tarde, con la vastedad de un mundo diverso que aguardaba fuera de los límites de mi pequeña ciudad. Al menos eso contaban los gruesos libros azules que conformaban aquella enciclopedia temática. Así, descubrí mi gusto por la historia, la geografía, las ciencias naturales y la poesía; de Neruda, de Ibarbourou, de Darío y de tantos otros que se escuchaban como música en mi mente, como terciopelo entre mis dedos haciéndome olvidar la tarea de entenderlos, pero anclándome a la terca necesidad de leerlos una y otra vez. 

A partir de mi adolescencia me olvide de la literatura casi por completo, pero el destino —de existir— es un ente muy caprichoso. Ahora pareciera vivir un deja vu continuo, me veo como aquel niño sentado en el piso rodeado de libros buscando no se qué, maravillándome con un mundo que creía conocer pero que ahora se manifiesta diferente, maduro, abierto como flor de nochebuena. He notado —en mis momentos mas cuerdos— que de mis brazos brotan plumas y de mis pies raíces, entonces me queda claro que en el principio de mis memorias e historias inventadas yo tenia razón, que no soy de ningún lugar y mi casa es la que con mis obsesiones me construyo, que el sentido de mi vida precisa en que no lo tenga, que el destino —de existir— es un ente con agudo sentido del humor.

Al final, resulto ser una suerte de quimera, ciudadano de cualquier lugar que me permita seguir creando alternativas, puertas, ventanas, agujeros y más, muchas más experiencias. Escritor de a ratos, tutor de español, blogger, músico de clóset y autodidacta entusiasta. Amante de las artes, la historia, la cultura y los hombres. Orgulloso hijo, amado hermano, amigo entrañable, hombre de voz firme, mujer atormentada y animal nocturno… siempre.


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