La Palma

Poema seleccionado para la antología “El Juego de la Lotería” en el segundo certamen literario en español – Seattle Escribe 2018. 

 

Me gusta observar el mar desde mis sueños,
me gusta.
.
Ese aletear de gaviotas,
pequeños fantasmas ingrávidos, plenos.
Y enterrar mis pies calientes en la arena fresca,
dejarlos que busquen lo que no hallan en sus pasos,
en su andar inseguro de concreto,
de piedra.
.
Me gusta observar los mangles robustos de vida,
de hojas gruesas y apasionadas
de ramas torcidas, bruscas y directas.
Caminar, caminar sobre la orilla de una playa
que la pienso solo mía,
hasta donde me alcance la vista,
 la comparto al sol y el la viste dorada.
.
Aquí no hay hombres… solo playa.
.
El mirador sobre la duna me saluda
y las gordas iguanas,
la ventisca de sal los labios me salan
y me despeina, me acaricia
arremolina los miedos, se los lleva,
y el mirador me observa
desde la duna alta, muy alta.
.
Aquí no hay hombres… solo playa.
.
Me invento un faro en una isla
pequeña de rocas y mangles
y una virgen azul incrustada en la base
y yo la llamo mi madre.
.
Me invento un barco al horizonte
lejos, muy lejos y alejándose
con un asta y banderas blancas
y yo lo nombro mi padre.
.
 Una alta palma observándolo todo,
verde y frondosa, silueta curvada
la admiro
y pienso, pienso,
aquí no hay hombres, solo el mar,
solo dunas y la brisa
y mis pies se vuelven raíces,
mis recuerdos risas
y mis manos
sueltas y ruidosas como gaviotas escapan,
 no quiero regresar, no quiero,
quiero mi playa.
.
Aquí no hay hombres, pienso
y pienso,
sentado sobre la arena y mi cama,
me apunto a la cabeza
y pienso,
jalo el gatillo
y pienso… yo soy la palma.
.

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El Perro y la Luna

 

26-Perro, from Rufino Tamayo 15 Lithographs (P. 137), 1973

Inspirado en la obra del maestro Rufino Tamayo. 

Y yo estaré ahí, con la Luna, esperándote. Fue lo que le dijo la anciana Chata a su perro, el Trino, acariciándole la cabeza una noche de Luna llena. Aunque el Trino, carente de entendimiento en el lenguaje humano, logró intuir que esa imagen redonda y brillante a lo lejos, a la que llamaban Luna, estaba relacionada con su diálogo con la Chata. Esa noche fue especial por que comieron mucho. Por donde pasaran los humanos le daban comida y acariciaban su rechoncha barriga, su cola erguida como lanza y esas orejas de piloncillo -según la Chata-. Entonces ambos se acercaban a las tumbas llenas de flores y velas y humos. Ella se sentaba a dialogar con más humanos y el Trino la esperaba entre sus pies paciente. Ella lo presentaba y los humanos le sonreían, algunos niños corrían con el y lo perseguían, y el a ellos. Esa noche fue especial, por que comieron mucho, y por que la Chata estaba ahí con el… contenta.

El Trino no lo sabia pero en México esa noche también era especial para los humanos, lástima que dura tan poco, pensaría tal vez. Al amanecer todo seguiría igual debajo del puente. Las mismas caminatas de ambos buscando comida, las mismas peleas de ella con otros humanos de calles aledañas, las mismas horas en el piso de la parada de autobús esperando a recibir migajas, las mismas faenas eludiendo humanos molestos, esos que te patean a la menor provocación, esos que te avientan piedras, basura o agua sin motivos. Esos que no toleran que estés cerca de ellos. Aunque la Chata siempre estaba ahí, defendiéndolo. Y el a ella.

Hoy el Trino se levanta de un brinco, y no es para menos con semejante patada. Huye del callejón y corre pegadito a la pared por que le dan miedo los coches que pasan veloces y que han matado a tantos como el. Algo le gruñe en la panza y recuerda que tiene hambre, lo que ya no recuerda es cual fue su último bocado. Se siente cansado y se le nubla la vista a ratos. El ruido de la ciudad lo mantiene alerta. No sabe a donde ir.

De repente, un humano estira la mano y le da un trozo de pan, el Trino lo toma y corre a una esquina con el pan en el hocico, lo deja en el suelo y observa al humano con la cola y orejas para arriba, le lanza un trino. Así les llamaba la Chata a sus ladridos, que eran como los trinos -decía- de los negros zanates del parque al que siempre iban juntos. Entonces la Chata lo apretaba contra ella y le besaba las orejas y el negro perro le brincaba alrededor regalándole hartos trinos, como a ella le gustaban.

El perro come su pan.

La noche cae blancuzca sobre la ciudad, los coches se vuelven luciérnagas ruidosas y el frío arremete como cuchillos en los huesos del ahora flaco Trino. La vista ya no le alcanza para ver más allá de una calle y se sienta a esperar recargado en una esquina del centro histórico, como una gárgola más del centenario palacio. Ya no recuerda eso que ha intentado no olvidar, pero no olvida esperar, y espera. Así, pasan los tiempos que el tímido perro no sabe medir, solo los siente en sus pies, en su boca seca y las orejas que ya nadie toca. El trino suspira y observa los humanos caminantes y ciegos de el, de su atención. Algo lo guía tres calles arriba y encuentra una manada de perros rebuscando en los tambos de basura, los reconoce y se une a la búsqueda. No encuentran mucho pero emocionados juegan y se olfatean como tratando de convencerse de que están ahí y que están vivos. Un chorro de agua cae del cielo acompañado de gritos y la manada huye con la noche a cuestas. Esa noche el Trino regresa al puente y duerme debajo de el.

Transcurre otro día, pero en este la tarde languidece lenta y naranja como flor de cempasúchil. Los humanos se comportan diferentes, el entorno huele diferente. Un cansado Trino avanza con éxtasis un camino ya antes recorrido. Las plazas se llenan de voces y máscaras y puestos de comida, pero el animal avanza rápido, esquivando coches y multitudes, sin detenerse mientras la noche cae tibia sobre la calle. Por fin llega y el panteón luce lleno de flores y velas y humos. El Trino merodea entre tumbas y humanos y come de los restos que caen, que le avientan, que encuentra pisoteados entre los pasillos. Algo recuerda y lo siente en su pecho, pero no sabe que.

Avanza de nuevo, esta vez hacia el puente. Y al llegar, observa una Luna gorda y luminosa posarse por encima de los arboles y entonces parece recordar. –Esta ahí, –se dice. Lanza trinos llamándola y dando vueltas sobre la calle solitaria, sollozando. La Luna le contesta destellante y el viejo Trino busca refugio debajo del puente, no esta triste, solo impaciente y se acuesta a esperar.

Ya no despertará.

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Perro de Luna – Rufino Tamayo

Yo pregunto – Un poema de Nezahualcoyotl

 

Yo Nezahualcóyotl lo pregunto:

¿Acaso de veras se vive con raíz en la tierra?
Nada es para siempre en la tierra:
Sólo un poco aquí.
Aunque sea de jade se quiebra,
Aunque sea de oro se rompe,
Aunque sea plumaje de quetzal se desgarra.
No para siempre en la tierra:
Sólo un poco aquí.


Niqitoa ni Nesaualkoyotl:

¿Kuix ok neli nemoua in tlaltikpak?
An nochipa tlaltikpak:
san achika ya nikan.
Tel ka chalchiuitl no xamani,
no teokuitlatl in tlapani,
no ketsali posteki.
An nochipa tlaltikpak:
san achika ye nikan.

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El dulce retorno

 

Si vuelves…

come este dulce pan que te ofrezco

y bebe del agua agradecida,

bebe del dulce néctar de la vida

que el mezcal sella en tu boca.

Si vuelves

besa la imagen tuya en mi altar

de vida,

bésala con melancolía,

con nostalgia primorosa,

deja tu huella

en mi camino de flores,

de pétalos de mil atardeceres,

déjame tu aliento en el mole,

el aguardiente de tus pasiones,

déjame ver tu recuerdo,

y tu figura en el incienso,

que la extraño tanto y tanto extraño

tu olor,

mi amor de amores.

 

Si vuelves

sóplame al oído tu regreso

dame de ti un dulce recuerdo,

el beso

que ahogue este llanto

vida mía.

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Aquí un cuento maravilloso – Daniela es a lo lejos un árbol.

Por Noé Vazquez Ella es Daniela. ¿La han visto? ¿No? Tal vez deberían. Quisiera describirla: Daniela es alta. Es su rasgo fundamental. Es posible que la imaginación, que asigna supuestos y engendra valores, la haya colocado en una altitud literal y metafórica. 2.180 palabras más

a través de Daniela es a lo lejos un árbol — Seattle Escribe

“Aguas con corrientes múltiples” • Poetas del Caribe colombiano nacidos en las décadas de los 80 y 90 • por William Jiménez • Parte II

Un feliz descubrimiento!

AGUAS CON CORRIENTES MÚLTIPLES
POETAS DEL CARIBE COLOMBIANO NACIDOS EN LAS DÉCADAS DE LOS 80 Y 90 • Parte II

POR WILLIAM JIMÉNEZ¹

Creo que fue Cobo Borda quien dijo que la poesía colombiana se encontraba inédita, pienso más bien que se encuentra en la marginalidad, estado que ha sido sumida por las editoriales, y un círculo cerrado que han establecido los poetas del centro, en ese juego de elogios y aplausos recíprocos del panorama literario, de la juerga mediática, del contrabandeo de dádivas del poder, mejor dicho en la periferia de las regiones, como todo hecho político en este país; es allí donde la poesía que se escribe en los departamentos que conforman la región Caribe de Colombia (Atlántico, Bolívar, Cesar, Córdoba, La Guajira, Magdalena, San Andrés y Providencia y Sucre), configura un hecho político entre centro y margen, un radical encuentro de estéticas, recordemos a Verlaine :“El poeta…

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Literatura Infantil – El Principito, a 84 Años de la muerte de Antoine de Saint – Exupéry

Les comparto nuestro último programa… saludos desde Seattle!

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Los huesitos de mamá y otros relatos – Breves reseñas

Los huesitos de mamá y otros relatos

Maria Susana es el nombre de un triangular pueblo en medio de la Pampa Argentina donde los once relatos o cuentos -no sabemos- acontecen. Su autora nos dice que mucho hay de verdad y de ficción, y que estas, verdades y ficciones se desarrollan juntas de principio a fin durante toda la obra, de ahí que no sabemos cómo clasificar tan pintoresco libro. Entre los recuerdos de una prodigiosa memoria, la de su autora, destacan las historias de una tímida pero vivaracha niña de origen inmigrante (italianos) narradas en primera persona con el elocuente, fluido y despreocupado lenguaje de Rita -nuestra niña en cuestión- mezclado con el pensamiento pueblerino de los tiempos relatados, trasladándonos de forma inmediata al singular pueblo, también de trazo y origen singular.

Un poema nos da la bienvenida, pero no cualquier poema, sino uno que de antemano nos anticipa la descarga nostálgica de los recuerdos que hacemos nuestros, poco a poco, al pasar de las páginas. Como dije, once son los relatos que nos toman desprevenidos y sin dejar cabos sueltos. Pareciera que nuestra autora nos conoce y nos atrapa en deliciosa carcajada tratando de recordar personajes que no conocimos, ¡que tontos! es un libro. Pero insistimos, y queremos saberlo todo de Rita, de las hermanas Delfino, del turco sucio que no era ni turco ni sucio ¡Spoiler! del negro Col y la pequeña Amalia y más aún, del pueblo mismo. Seguirá dividido, geográfica y socialmente por las vías del tren? Seguirá con su forma tan singular después de tantos años? Y sus pobladores…?

Es curioso como un libro, cuyas historias suceden a miles de kilómetros al sur del país de uno, con más de cincuenta años de distancia y con solo el idioma por unión, logra identificarse con el lector a través de los detalles, vivencias y por menores más irrelevantes. Ese comercio de la esquina que la autora sitúa sin importancia se revela de repente como una relación cósmica con el pasado nuestro. Esa frase dicha distinta pero con el mismo significado. Esa costumbre extraña pero tan familiar nos dice algo. Entonces nos cae el veinte (expresión mexicana) y comprendemos que a pesar de lo enorme del territorio latinoamericano, con toda su pluralidad de lenguajes, culturas, etnias y sociedades, somos una memoria repetida, una experiencia vivida una y otra vez sobre un camino de espejos, donde nosotros -caminantes-, nos vemos reflejados los unos a los otros. El idioma fue el hilo primigenio, pero hoy, nos une algo más.

Rita Sturam Wirkala es el nombre de la autora, también profesora y querida miembro del grupo de escritores Seattle Escribe. Después de veinte años de enseñanza literaria en la Universidad de Washington, en la ciudad de Seattle, escribe El Encuentro y Las aguas del Kalahari, sus dos últimas novelas con las que ésta reconocida autora ha logrado posicionarse como una consentida en nuestra comunidad. A la par, cuenta también con obras de literatura infantil y numerosas traducciones del ingles al español. En su blog, Rita nos regala algo de su talento con sus maravillosas poesías, cuentos y relatos.

Rita Sturam Wirkala, PhD

¡Invitados están, a una lectura maravillosa!

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Los Huesitos de mamá y otros relatos – Disponible en Amazon

 

Programa de radio – Seattle Escribe

Como parte de mis actividades en la dirección de medios de un maravilloso grupo de escritores llamado Seattle Escribe, me toca dirigir un nuevo proyecto piloto para esta organización. Un espacio radial en el que los temas literarios serán centrales y en el que principalmente buscamos incentivar la lectura y escritura en nuestra comunidad hispana. La idea es enfocar los programas en cuatro temas principales:

  • La mujer y poder de las palabras
  • Conversaciones literarias
  • Juventud y literatura
  • literatura infantil

Con esto, Seattle Escribe suma su espacio radial a la oferta cultural de Seattle, en donde ademas promovemos autores locales, eventos culturales, círculos de lectura, clases y talleres de literatura y escritura creativa desde el 2014, todo en español.

¡Te invito a que nos escuches y nos sigas en nuestra página!

Nuestro flyer en redes sociales…

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Me encanto!

Por Perla Mendoza Veo como la toalla se resbala hasta caer junto a mis pies. Me miro al espejo; ese silencio largo que me acompaña todas las mañanas al verme reflejado. 545 palabras más

a través de Un café a tu lado — Seattle Escribe